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Opinión

Sleeping in my car

| Ibiza |

Roxete fue el grupo musical sueco más importante desde Abba. Formado por la fallecida cantante Marie Fredriksson y el compositor Per Gessle, publicó en julio de 1986 su primer sencillo, Neverending Love, formando parte del álbum Pearsls of Passion. A lo largo de su extensa trayectoria musical, tan solo quebrada por el maldito cáncer que arrebató la vida a su integrante femenina en 2019, vendieron 90 millones de discos, habiendo conseguido alcanzar el número uno de las listas de Estados Unidos con temas como The look, Listen to your heart, It must have been love o Joyride. Pero si uno de sus temas perdura en nuestro imaginario colectivo musical es Sleeping in my car, que publicado el 14 de marzo de 1994 como primer sencillo del disco Crash!Boom!Bang!, quinto trabajo de este eterno dúo sueco, alcanzó el número uno en nuestro país. Su pegadizo estribillo, traducido como «durmiendo en mi coche», si bien en referencia a otros menesteres amatorios más amables, nos recuerda la controversia suscitada en la isla a propósito de la tan de moda opción de habitar o pernoctar en estas viviendas de cuatro ruedas.

Como recordaran, el pasado 1 de junio entró en vigor la Ley de Control de Afluencia de Vehículos en Ibiza que, entre otras cuestiones, obliga a las caravanas a disponer de autorización para acceder a la isla desde el primer día de junio hasta el último de septiembre abonando una cuota, en caso de ser su propietario no residente y encontrarse la residencia fiscal del vehículo fuera de Ibiza, siempre y cuando disponga de una reserva previa de camping, estando prohibido durante todo el año estacionar o pernoctar en suelo rústico con sanciones que van desde los 10.000 a los 30.000 euracos. La reciente norma ha enfrentado las loables posiciones de todos los sujetos implicados, que aducen motivos coherentes, pero irremediablemente irreconciliables entre sí. Por un lado, la del Consell Insular, que pretende frenar la entrada de este tipo de vehículos para evitar que se generen núcleos de población, minimizando así la proliferación de poblados como los recientemente desalojados y, a su vez, procurar disponer de un turismo sostenible y respetuoso con el entorno y el medio ambiente. Por otro, la de los caravanistas, que consideran que deberían poder estacionar sus vehículos como cualquier otro pagando los impuestos de circulación correspondientes para limitarse a descansar dentro de ellos correctamente estacionados, sin acampar ni molestar. Entienden que estas medidas conllevan una caza de brujas que les hace sentirse como perseguidos delincuentes cuando realmente se les está coartando su legítima libertad de movimiento.

Lo que no puede compartirse en ningún caso es que estas controvertidas medidas no vengan acompañadas de soluciones satisfactorias para todos los intereses en juego teniendo en cuenta las peculiares circunstancias concurrentes por estos lares. Por un lado, que la principal industria de la isla necesita mano de obra para funcionar. Es importante que nos visiten los turistas y que se dejen los dineros alojándose en hoteles de cinco estrellas o en lujosas villas, pero también resulta necesario que puedan habitar dignamente los que les sirven la sangría, les acomodan en sus hamacas o reparan la máquina del hielo. Como no, también que haya personal suficiente en materias esenciales para nuestra sociedad como la seguridad, la sanidad o la justicia que atienda las necesidades tanto de locales como de visitantes. Sin esta relación simbiótica todo se va irremediablemente al traste. Por otro, la dificultad de encontrar alternativas habitacionales viables y dignas en el mercado de alquiler debido a sus desbocados precios, que han aumentado más del 50% en los últimos 10 años. Ni que decir tiene que el precio de compra de vivienda de nueva construcción o de segunda mano se ha triplicado en el mismo periodo y que no todo puede justificarse eternamente con el manido recurso a las consecuencias derivadas del Covid-19, la guerra de Ucrania o el sursuncorda. Los ingresos de los trabajadores no han aumentado tanto ni de lejos durante el mismo periodo de tiempo y no dan para más, lo que les aboca en la mayoría de ocasiones a tener que servir al rico viviendo en una furgoneta. A ello añádanle que tan solo hay cinco campings en Ibiza, con unas 200 plazas en su conjunto, oscilando el precio mensual de la parcela entre los 800 y 1.800 euros, cantidad que se antoja como difícilmente asumible por un trabajador medio.

Tengan en cuenta que el derecho a la vivienda reconocido por el artículo 47 de nuestro texto constitucional como derecho fundamental de todo ciudadano no equivale, como equivocadamente se considera por algunos, al derecho a que te la regalen, faltaría más. Pero sí obliga a las administraciones competentes a adoptar medidas y a tomar decisiones políticas tendentes a promover las condiciones necesarias para hacerlo efectivo. Estas acciones, que por el momento son bastante timoratas, deberían estar orientadas con carácter esencial a la construcción de vivienda social en régimen de alquiler en cantidad suficiente para dar cabida a la inmensa mano de obra necesaria, pero también a la creación de más zonas y plazas de estacionamiento y acampada reglada por tiempo limitado que dispongan de los servicios esenciales y necesarios que las hagan sostenibles. Ni que decir tiene que las mismas deben tener un coste para el usuario razonable por asumible. Son soluciones más coherentes que algunas de las adoptadas últimamente y que tan solo conllevan aumentar la presión sobre el suelo rústico del territorio balear o que se limitan a mover estos vehículos de un lugar a otro como si se tratara de piezas de ajedrez que se desplazan por los distintos escaques de un mismo tablero para volver a empezar, una y otra vez, como cantaba Pablo Alborán. Debe encontrarse el equilibrio perfecto entre preservar los recursos ante la saturación turística y proteger las condiciones habitacionales de los trabajadores fijos o temporales. No es fácil, está claro. Pero hay que empezar a mover ficha, porque el tiempo apremia y la cosa cada vez se está poniendo más fea.

Cuestión distinta y que tampoco puede razonablemente compartirse es que se anuncien en plataformas por todos conocidas alquileres turísticos ilegales de caravanas a razón de más de 100 euros diarios, lo que ya clama al cielo y suena a auténtica tomadura de pelo. Es lo que faltaba como añadido al grave problema de las viviendas turísticas ilegales que inundan esas mismas webs. Porque una cosa es tener que vivir en un vehículo por necesidad económica y otra muy distinta hacerlo por el puro capricho de emular a Ricky Martin en Livin’ la vida loca transitando por la isla a lo «pijipi», una mezcla entre hippie y pijo tan de moda entre quienes nos visitan cuando aprieta el calor, pero que ni están ni se les espera cuando por aquí tan solo asoman las autóctonas lagartijas o cierran los garitos de postureo de su amada Formen. La solución no pasa por la prohibición, sino por la acción. Que cuando alguien tenga que dormir en su coche no sea meramente para sobrevivir, sino solo, como canta Roxete, para desnudarse, abrazarse, reconciliarse y hacer el amor.

4 comentarios

Gatobardo 1 Gatobardo 1 | Hace 6 meses

NakupanCorrecto, pues puede imaginarse la ....pena que puede sentir alguien que llegó a esta isla en 1968. ABSOLUTA.

user Nakupan | Hace 6 meses

Gatobardo 1Estos días atrás tuve unas obras en mi vivienda debido a una incidencia de tuberías. En algunos momentos conpartimos algunas palabras. Los fontaneros y albañiles que vinieron eran personas que llevaban años trabajando y residiendo en la isla y estaban viviendo en condiciones que no se pueden permitir. Pagaban habitaciones a más de 600 euros y tenían que compartir la habitación (en un caso, la cama) con 3 personas. Uno me explico que en su piso eran 11 personas viviendo y pagando una media de 600 euros por persona. Como hemos llegado a esta situación? Como puede ser que las personas que te vienen a arreglar un desperfecto, o el que te sirve en un restaurante, o el que reparte mercancía, o el maestro, tenga que vivir en estas condiciones...?.y no hablo de caravanas... que clase de isla hemos creado? Donde están los políticos (no importa el color político) y donde están las políticas? Y van persiguiendo a las caravanas? Esto es una vergüenza. Se han sobrepasado todos los límites. Lo único que espero que esta situación colapse ya de una vez. Y que tengamos que re construirnos como sociedad y como isla, re conduciendo el proyecto que queremos seguir porque está situación es ya insostenible. Una pena, muy lejos de la ibiza que conocí en los 90. Y todos en menor o mayor medida somos responsables.

user Nakupan | Hace 6 meses

Estos días atrás tuve unas obras en mi vivienda debido a una incidencia de tuberías. En algunos momentos conpartimos algunas palabras. Los fontaneros y albañiles que vinieron eran personas que llevaban años trabajando y residiendo en la isla y estaban viviendo en condiciones que no se pueden permitir. Pagaban habitaciones a más de 600 euros y tenían que compartir la habitación (en un caso, la cama) con 3 personas. Uno me explico que en su piso eran 11 personas viviendo y pagando una media de 600 euros por habitación. Como hemos llegado a esta situación? Como puede ser que las personas que te vienen a arreglar un desperfecto, o el que te sirve en un restaurante, o el que reparte mercancía, o el maestro tenga que vivir en estos condiciones...?.y no hablo de caravanas... que clase de isla hemos creado? Donde están los políticos (no importa el color político) y donde están las políticas? Y van persiguiendo a las caravanas? Esto es una vergüenza. Se han sobrepasado todos los límites. Lo único que espero que esta situación colapse ya de una vez. Y que tengamos que re construirnos como sociedad y como isla proyecto que queremos seguir porque está situación es ya insostenible. Una pena, muy lejos de la ibiza que conocí en los 90. Y todos en menor o mayor medida somos responsables.

Gatobardo 1 Gatobardo 1 | Hace 6 meses

Siempre he encontrado los automóviles "algo estrechos" para ciertas prácticas. Tampoco se de las amplitudes de que presumen que tienen los sedanes de alta gama. No se puede actuar contra las consecuencias, sino sobre la raíz del problema, como tampoco estigmatizar a colectivos altamente desfavorecidos. Creo que después de servir sangrías, aguantar a bañistas exigentes y arreglar la máquina de cubitos, se merecen más que dormir "hechos un cuatro" en una camper o en sus espléndidas autocaravanas de 4ª mano.

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