La llegada masiva de pateras a las costas de Baleares es una emergencia humanitaria y de seguridad en toda regla. Más de 5.800 personas irrumpieron en 2024 por esta vía —un 150 % más que el año anterior—. Y desde el lunes han llegado 680 migrantes irregulares a Baleares. A pesar de ello, el mensaje del Gobierno central sigue siendo el de siempre: rescatar a los ocupantes de las pateras en alta mar, interceptar a los que llegan a la costa, que la Cruz Roja los atienda y nada más, Ancha es Castilla. Ni un solo inmigrante será devuelto a Argelia. El país magrebí, que suspendió las readmisiones tras el choque diplomático con España, no acepta repatriaciones. Esa fue la consecuencia de la decisión personal de Pedro Sánchez, líder del PSOE, de un cambio en la política exterior en materia de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. Y ahí está el origen del problema, en que Argelia no colabora. Es en este contexto donde la desfachatez alcanza su cénit: Alfonso Rodríguez Badal, delegado del Gobierno en Baleares, se atreve a cuestionar al Govern Prohens. Lo hace mientras Baleares sufre una oleada migratoria sin precedentes; lo hace sin refuerzo de efectivos, sin ningún plan para frenar la salida de pateras de Argelia, sino con un mensaje que alienta la salida de embarcaciones hacia Baleares. Critica al Govern por alzar la voz pidiendo ayuda a Madrid y a Europa, cuando ya son más de 4.000 los migrantes que han llegado en 2025. Porque el trabajo de Rodríguez es actuar en contra del Govern. Para eso está, por eso le nombraron y a eso se dedica a diario: sin reforzar la seguridad, sin atender los avisos, sin activar vías diplomáticas eficaces con Argelia, sin desplegar recursos sanitarios o humanos que ya no existen. Rodríguez ha dado sobradas muestras de ser tan lenguaraz como incompetente, el perfecto candidato a ministro de Transportes.
El coladero balear
Una patera
Joan Miquel Perpinyà | Ibiza |