En estas nuestras Islas Pitiusas, islas que en plena temporada turística son noticia día a día por los graves problemas para acceder a una vivienda dado el elevadísimo coste de las mismas, islas en las que son constantes los atascos en nuestras carreteras, en las que puede resultar agobiante incluso un día de playa, en las que es fácil que resulte complicado poder comer en un restaurante sin reserva previa, en las que la saturación turística en general provoca un cierto estado de estrés o de agobio; en estas mismas islas también pueden tener lugar maravillosos momentos de asueto, relax y tranquilidad.
Hace unos días tuve el privilegio de participar en un acto que sin duda se enmarcó perfectamente en la definición de momento lúdico, sin estrés, sin agobios de ningún tipo y repleto de agradables recuerdos; unas horas que contrastaron con esa frenética actividad en la que nos vemos todos inmersos durante los meses de verano. El acto en cuestión fue la celebración por parte de más de 70 personas que allá por 1975 cursamos los estudios de COU en el Instituto Santa María de nuestra isla.
Sin duda fueron unas horas de alegría, horas de recuerdos y horas de puro sentimiento. Todo ello ocurrió en una muy agradable cena para celebrar el 50 aniversario de esos estudios de COU, previos a los exámenes de selectividad para poder continuar con los estudios en la universidad. En esa cena nos reencontramos los que a día de hoy seguimos dando guerra, muchos de ellos y ellas compañeros y compañeras de clase durante todo el bachillerato, otras que tras haber cursado la práctica totalidad de ese bachillerato en La Consolación, pasaron al Instituto Santa María para seguir con su formación académica. Quiero desde aquí transmitir un recuerdo especial a aquellos que durante estos 50 años nos han ido dejando, pero que sin duda todos tenemos en nuestra memoria. También vaya un fuerte abrazo para todos aquellos que por diversos motivos no pudieron asistir a esa cena.
Fueron esas unas horas de bonitos reencuentros pudiendo saludar a los que en aquellos tiempos fueron tus compañeros/as de clase, volviendo a recordar momentos puntuales y anécdotas vividas, conocer qué ha venido siendo de todos y todas durante todos esos años, volviendo a estar con aquellos con los que compartiste muchas horas en clase y fuera de clase también. Compañeros y compañeras que a pesar de estar viviendo en estas mismas islas, puedes estar años sin coincidir y por supuesto, ese reencuentro con aquellos que marcharon de la isla y están viviendo en otros lugares y solo suelen venir para ver a sus familiares y amigos más cercanos, o simplemente para pasar unos días de descanso y vacaciones.
Recuperar de tanto en tanto el contacto con todos ellos, resulta realmente gratificante y emotivo y sin duda fue esa una cena llena de emociones y sentimientos. Como dijo Toni P. en el artículo que publico este mismo Periódico de Ibiza y Formentera sobre el acontecimiento, «no fue solo un viaje al pasado», efectivamente, fue la constatación de que hay épocas de la vida que resultan imborrables y que perduran en nuestra memoria por muchos años que pasen.
En un acto de este tipo, coincides con algunos que formaron parte también de tu infancia, aquellos con los que compartías horas de juegos en la calle, en mi caso en la Calle Garijo del puerto de Eivissa, más conocida como La Bomba; aquellos partidos de futbol que no queríamos que se acabaran, nuestros juegos entre todas las mercancías depositadas sobre el muelle, o saltando sobre los cajones que apilaban allí los pescadores. Por supuesto también afloran los recuerdos de los últimos años del bachillerato, ya más jóvenes que niños y con aficiones muy diferentes a los de la niñez.
Seguro que ese reencuentro debió parecer una asamblea de abuelos cebolleta, con la gran mayoría de los presentes ya jubilados y como no podía ser de otra manera, con más anécdotas que contar del pasado que del presente, pero sinceramente creo que momentos así resultan hasta medicinales. En esas horas, de repente te vuelven a la memoria situaciones vividas, que uno mismo tenía como archivadas en algún rincón de la memoria y que sin más, al estar con quienes las vivieron contigo surgen a borbotones.
Fue este reencuentro el claro ejemplo de que en estas islas que como dije al principio del artículo, te envuelven de esa constante actividad que por momentos puede resultar caótica y agobiante, también existen momentos que son auténticos remansos de paz y tranquilidad. Fueron esas horas del 29 de agosto la oportunidad de vernos de nuevo cara a cara, dejando de lado la fría relación a través de las redes sociales. Fue una cena en la que nos montamos nuestra propia y particular fiesta del recuerdo, en la que las aportaciones de momentos que cada uno tenía archivados en su memoria nos devolvieron a ese 1975 y dieron pie a seguir contándonos lo vivido en esos 50 años posteriores. En resumen una fantástica noche que deberemos repetir.
Gracias a todos y hasta la próxima.