El pasado martes la isla fue azotada por lluvias torrenciales que, según los datos de la Agencia Española de Meteorología (AEMET), podrían haber alcanzado hasta 300 litros por metro cuadrado. La AEMET decidió elevar la alerta de naranja a roja a las 12:00 horas, justo cuando muchos ya se encontraban en la calle, trabajando o con los niños en el colegio. Esta actuación ha generado críticas entre algunos ciudadanos, que preferirían que el aviso se hubiera hecho con más antelación. La demora, según las quejas, dificultó la adopción de medidas preventivas en domicilios, negocios y en materia de desplazamientos. Consideran que la alerta llegó «demasiado tarde». Como si los meteorólogos dispusieran de una bola de cristal capaz de adivinar, no ya la intensidad de la tormenta, sino también el horario particular de cada vecino. Se elevó a roja cuando los registros lo aconsejaron, ni antes ni después. Eso se llama ciencia. Se pretende que la previsión del tiempo sea un servicio a demanda, como Netflix o Glovo. De seguir así, la próxima reivindicación será que la lluvia caiga sólo de madrugada y en la intensidad adecuada para no perturbar a nadie. La tormenta fue catastrófica, sin duda. Y las previsiones meteorológicas son cambiantes, como el propio tiempo. Pero más catastrófica todavía es la estupidez colectiva que exige a los meteorólogos lo imposible. Sabemos bien que las predicciones se basan en modelos matemáticos que a menudo fallan o son imprecisos, aunque en el caso de Ibiza acertaron de pleno; pero se reprocha a los profesionales de la AEMET que no lanzaran antes el aviso rojo. ¿No han pensado que con toda seguridad avisaron tan pronto como lo supieron? Pero lo importante es quejarse, sea de lo que sea, con razón o sin ella. Aunque hubieran sabido el día antes que había aviso rojo, las consecuencias serían las mismas. Y también las quejas.
Opinión
Previsión meteorológica a la carta
Un camión trabajando en las tareas de rehabilitación de las calles
Joan Miquel Perpinyà | Ibiza |
Y es q en Vila un aviso naranja ya deberia bastar para cancelar toda actividad en la capital. Desde hace décadas sabemos q Vila recibe vía carretera gran parte de los l/m2 q caen en Can Cifre, Sa Blancadona y Puig d'en Valls, q bajan como torrentes por las avenidas de acceso a Vila, a la q ya le cuesta demasiado evacuar su propia lluvia gracias a los enésimos proyectos parche de las últimas décadas?