De ser un tímido profesor universitario ibicenco discreto a ser el enfant terrible de la izquierda. El ahora vicepresidente del Govern Balear siempre había sido un perfil sin excesivas pretensiones, leal al partido y centrado en la cuestión teórica de la economía y la fiscalidad. Su perfil técnico, su residencia en Mallorca y su disponibilidad hicieron que este coroner casado en Labritja fuera catapultado a la portavocía del PP autonómico por una carambola. Salió bien. Su liderazgo en la lista del PP al Parlament era inevitable y su perfil se institucionalizó. En la Sala de las Cariátides se ha mecido un político que ahora, en lugar de instruir a sus alumnos, da lecciones de fiscalidad en el Parlament con una autoridad y vehemencia difíciles de rebatir. Es además, junto con el hábil Vicent Marí, el defensor de las causas ibicencas. Se mueve bien por los engranajes del Govern otrora colonizados por los mallorquines, quienes ahora obedecen y, sobre todo, respetan a un Costa que se ha ganado la confianza de Prohens y el PP de Mallorca.
Su casus belli son los impuestos. Algunos levantaban la ceja cuando en campaña Costa decía que en los primeros 100 días derogaría el impuesto de sucesiones en Baleares. Pues bien, Prohens tomó posesión el 7 de julio y once días después se fulminó de un plumazo este injusto gravamen. Ya son 20.000 las familias que no han pagado por su herencia, 1.400 los jóvenes que no han pagado ITP por acceder a una vivienda y más de 100.000 los ciudadanos que se han beneficiado de una bonificación en el IRPF. Costa tiene bailando a un PSIB que no aprende y, para recuperar la confianza perdida de los ciudadanos, anuncia que lo primero que harán si gobiernan será volver a sangrar a los ciudadanos recuperando dichos impuestos.