El título del presente artículo tiene un significado claro y este es que hay una enorme diferencia entre lo que se dice y lo que realmente se hace, en definitiva, que es más fácil hablar que hacer y que de nada sirven las promesas o propuestas si no van acompañadas de las correspondientes actuaciones.
Desafortunadamente, eso mismo es lo que se podría decir de la última idea que ha puesto sobre la mesa el Presidente del Consell, quien a partir de una circunstancia fácilmente constatable, que vivimos en una isla y que por tanto el territorio disponible es finito y, que ante la gravedad del problema para el acceso a una vivienda, plantea la necesidad de tomar alguna medida más extrema que las aprobadas hasta ahora y que en nada han paliado la situación en nuestras islas.
Su propuesta pasa por suspender temporalmente la construcción en la isla de vivienda libre, limitando la posibilidad de seguir construyendo a que dichas viviendas vayan ligadas a algún tipo de protección, «ya sea vivienda de protección oficial o vivienda a precio limitado». La idea como concepto es llamativa y novedosa, sobre todo si proviene de un responsable de la derecha de este país, que hasta la fecha se ha venido negando reiteradamente a tomar cualquier tipo de medida que pudiera suponer algún grado de intervención, por parte de la administración, en el mercado libre inmobiliario.
Se trata de una posible propuesta que en ningún momento se le ha pasado por la cabeza al responsable directo de las competencias en materia de vivienda en el Govern Balear, el conseller José Luis Mateo, ni a la presidenta del Ejecutivo autonómico, Marga Prohens. Hasta la fecha, el Govern del PP se ha negado rotundamente a la posibilidad de aplicar tan siquiera lo previsto en la ley de vivienda vigente y que permite limitar el precio de los alquileres en las consideradas zonas tensionadas y nuestras Pitiusas sin duda lo son. Por todo ello da la sensación de que con la propuesta en cuestión, se esté lanzando una idea que resulte de difícil aprobación y aplicación por parte de un gobierno de derechas.
Se supone que la idea lanzada por el presidente del Consell busca favorecer a los residentes en la isla, a quienes ya viene salpicando el problema de poder encontrar en la isla donde han nacido o donde su familia decidió en su momento montar su proyecto de vida, un lugar asequible donde residir. Pero en realidad lo único que se ha hecho hasta ahora ha sido fomentar y dar alas a la especulación inmobiliaria. ¿Alguien puede llegar a pensar que la idea propuesta por Vicent Marí sea viable para la derecha en Baleares o para el PP nacional? Es evidente que no. Hay que tener en cuenta que ni tan siquiera se han planteado la posibilidad de limitar la compra de viviendas a quienes vayan a residir en ellas, excluyendo con ello la posibilidad de adquirirlas solo como negocio, propuesta esta que ya se está aplicando en algún otro país de la Unión Europea.
Por otra parte reconoce Vicent Marí que la problemática de la vivienda en nuestras islas está directamente ligada a la industria turística. Pero ello es así, no solo por las enormes dificultades que ello conlleva a la hora de completar las plantillas por parte de las empresas dedicadas al turismo, debido principalmente a los inasumibles precios de los alquileres, que quienes vienen a trabajar durante la temporada estival se ven obligados a desembolsar si quieren tener un lugar digno donde vivir. También se debe a la gran cantidad de viviendas residenciales que se está permitiendo que se puedan explotar como establecimientos turísticos. Y aquí también observamos una escandalosa tibieza a la hora de tomar las oportunas medidas; no basta con combatir el alquiler turístico ilegal, hay que reconducir el uso de la vivienda residencial, impidiendo el uso de la misma como establecimiento turístico y para ello hay que revocar sí o sí todas las licencias de alquiler turístico concedidas hasta la fecha. Eso para empezar, después habrá que establecer límites al negocio del alquiler de esas viviendas, aprobando al mismo tiempo las medidas oportunas para que dichas viviendas no permanezcan cerradas.
Efectivamente se dan dos circunstancias que van necesariamente ligadas, nuestra isla es finita y la población residente en la misma ha venido creciendo en los últimos años de forma realmente importante. Ese es el equilibrio que se ha perdido y hay que recuperar entre lo que es el negocio del turismo y las necesidades de la población residente. Cada cosa debe tener su propio espacio y no ha de permitirse que una se inmiscuya en la otra. Los establecimientos hoteleros están para dar cabida y servicios a nuestros visitantes y las viviendas han de dar cabida a los residentes, sin que ambas actividades se mezclen. Con ello se evitaría una gran parte de la actual crisis habitacional.
Hay que hablar menos y actuar más. Dada la actual situación del posible acceso a una vivienda, se hace imprescindible la injerencia de la administración y en la misma, perfectamente podría tener cabida, entre otras muchas, la idea de Vicent Marí. Hay que hacer propuestas de efectividad inmediata, ante la gravedad del tema no podemos esperar años para solucionarlo.