Voy a dedicar los próximos artículos a hablar del problema de la vivienda, sin duda el caos más grande en el que nos ha sumido la demagogia que nos abruma. La incompetencia de los políticos, normalmente inocua, en este asunto es destructiva. Todos los partidos están extraviados, probablemente porque también los votantes hemos perdido el norte y esperamos lo imposible. Importante: si los ciudadanos pensamos idioteces, no deberíamos esperar nada mejor de nuestros políticos.
Nos bastaría con ver qué hace Europa ante una crisis parecida, aunque menos aguda: Bruselas recomienda a los países miembros que construyan más y eliminen trabas y burocracia. El laborismo inglés, más radical, acaba de presentar el proyecto de construir trece ciudades completamente nuevas para ampliar la oferta. La izquierda alemana, incluyendo a Los Verdes, va por el mismo camino: facilitar la oferta.
Aquí, en España, en cambio, la izquierda delira y la derecha, aunque recuerda borrosamente cómo debería abordarse esta crisis, está en su duda perenne, preocupada por qué pensará la izquierda. Todo muy curioso porque históricamente las posturas paternalistas las defendía el franquismo y fue justamente el socialismo de González y Boyer quien introdujo el sentido común en este mercado.
Obviamente, el problema de la vivienda tiene que ver con la entrada masiva de extranjeros. Cuando en muchos municipios la mitad de las operaciones de compraventa tienen a un extranjero como protagonista, es que la inmigración juega su parte. Evidente. Pero esto hoy no tiene solución: España firmó acuerdos con la Unión Europea que son vinculantes. Es imposible limitar la compra por parte de extranjeros al menos porque es imposible evitar que un extranjero se nacionalice y como español compre lo que quiera. Ni Orriols podría hacer nada con estas leyes. Es muy probable que para nuestra libertad sea mejor así. Por otro lado, sería vergonzoso olvidar que no hace tanto teníamos que emigrar nosotros mismos.
«La incompetencia de los políticos, normalmente inocua, en este asunto es destructiva»
También el alquiler de viviendas está alterado por los extranjeros. Sea porque incontables inmigrantes vienen a vivir, sea porque hemos dedicado más de cien mil viviendas al alquiler vacacional legal, sea por hay miles de pisos y casas ilegales que no somos capaces de controlar, la cuestión es que el mercado está desbocado.
Tanto para la compra como para el alquiler, la crisis es aún peor por muchas otras razones, algunas perfectamente defendibles como la protección del entorno o porque demagógicamente premiamos la okupación.
Las soluciones a esta crisis serán siempre a largo plazo, lo cual casa mal con la necesidad de los políticos de que su gestión se note mañana mismo. Por eso les tienta hacer lo único que saben, aprobar decretos fijando precios máximos, como si alguna vez políticas de este tipo hubieran funcionado, como si cupiera alguna posibilidad de que se le pudiera poner puertas al campo. La única ventaja de los precios máximos es que se cumple con la apariencia de hacer algo y es posible que así salven las siguientes elecciones que, desde luego, es lo que de verdad les importa.
Finalmente, otro disparate: pensar que la vivienda pública puede resolver la crisis. Esta estupidez es compartida por todo el arco político porque en esto también la derecha está extraviada. No hay ninguna posibilidad de que la burocracia pueda diseñar, concursar, construir o vender suficientes viviendas. Si es impotente en una dictadura feroz, qué no ocurrirá allí donde el funcionario manda más que los políticos. Son Busquets es la prueba: veinticinco años sin que ningún gobierno haya sido capaz de mover un ladrillo. Lo máximo que han hecho son vídeos para las campañas electorales. ¿Y estos van a hacer viviendas de verdad? No existe ningún ejemplo en la historia en el que el poder público haya hecho viviendas cómodas. Ni en los países no corruptos.
En Baleares, baste decir que el fallecido Francesc Antich prometió cinco mil viviendas que ni él, ni Armengol, ni ahora Prohens, han hecho o son capaces de hacer. El ejército de inútiles que conforma la Administración puede bloquear cualquier cosa con su desidia. Un poder público incapaz de gestionar los vados de las fincas jamás podrá construir una vivienda. La única realidad, diga lo que diga Podemos y sus portavoces, es que este desastre o lo arreglan los promotores privados o no se arregla. Criminalizarlos, como hacen cada día, sólo agrava una crisis que nos está arruinando el futuro y nos va a empobrecer tal vez por décadas. Nos bastaría aprender de cuándo en el pasado hemos tenido vivienda a precios razonables y cómo hemos estropeado aquella realidad.