El pasado viernes, 27 de febrero, falleció en Ibiza Ángel Yern (Porto Salé, Formentera, 1955), conocido en los carteles como ‘El Niño de Formentera’, a causa de una enfermedad repentina. Su cuerpo fue incinerado este martes, 3 de marzo, en una ceremonia discreta y privada junto a sus familiares y amigos más cercanos.
Con su muerte desaparece el único torero pitiuso que llegó a vestirse de luces y pisar la arena de la plaza de toros de Ibiza. Fue, en palabras de quienes le conocieron, un hombre marcado por una vocación tan insólita como firme en unas islas donde la tradición taurina nunca tuvo el arraigo de la Península.
Nacido en Porto Salé, en la Formentera de mediados del siglo XX —una isla sin luz eléctrica ni agua corriente en muchas casas—, Yern fue el menor de ocho hermanos, entre ellos dos parejas de gemelos. Su infancia transcurrió entre la austeridad del campo y la curiosidad por un mundo que apenas comenzaba a asomarse al turismo. En 1966, con 11 años, su familia se trasladó a Sant Antoni en busca de oportunidades laborales en plena eclosión hotelera.
Hijo de Maria d’en Jeroni y de Vicent d’en Joan Yern, marinero de la Naviera Mallorquina que más tarde trabajaría en embarcaciones turísticas en el puerto de Sant Antoni, Ángel conoció pronto el esfuerzo. Durante las vacaciones escolares trabajó como botones en el hotel Helios. Fue allí donde vio por primera vez un cartel taurino. No sabía qué significaban aquellas imágenes, pero algo en ellas le atrapó.
Su primera corrida como espectador, siendo apenas un niño, le causó una impresión decisiva. Desde entonces no faltó a los festejos de los lunes en la plaza de toros de Ibiza. Su hermano Remigio Yern, apodado ‘El Pitiuso’, fue quien primero tramitó el carnet para entrenar. Una grave lesión tras un accidente de Mobilette truncó su prometedora trayectoria. Ángel, en cambio, perseveró.
Debutó como sobresaliente el 8 de junio de 1975 en una novillada junto a Felipe Garrigues y Ricardo Menes, en una plaza que registró tres cuartos de entrada. En septiembre de ese mismo año se presentó ya vestido de luces. «Aprendí a torear a base de revolcones y volteretas», recordaba con humor en una entrevista concedida en 2023 a Periódico de Ibiza y Formentera. Aquella frase resumía una carrera forjada más en la voluntad que en las oportunidades.
Entrenó con profesionales que recalaban en la isla y participó en novilladas y festejos camperos orientados en buena medida al turismo, una constante en la Ibiza de los años setenta y ochenta. Toreó hasta el cierre de la plaza de toros, el 24 de septiembre de 1985, en un cartel compartido con Roque Morán ‘El Perdonao’ y Juan Ramón Abad ‘El Rociero’. Aquel día se lidió el último novillo en el coso ibicenco. Posteriormente actuó de manera esporádica fuera de la isla, en Sueca y en Cuenca.
Aunque nunca llegó a ganarse la vida exclusivamente como torero, la tauromaquia fue el eje sentimental de su biografía. Profesionalmente, encarnó también la evolución económica de Sant Antoni: trabajó como camarero, mecánico de Mobilettes, empresario de alquiler de motocicletas, vinculado a Autos San Antonio, y más tarde en el sector náutico con embarcaciones de taxi boat.
Fue testigo directo del cambio del modelo turístico: de la etapa escandinava, que evocaba como una época «romántica», al posterior predominio británico, con sus luces y sombras. Esa mirada, a veces crítica y siempre personal, formaba parte de su carácter franco.
En el plano familiar, se casó en dos ocasiones. De su segundo matrimonio con Catalina nació su hijo, Óscar.
«Si te contesto con el corazón, te diré que sí. Si lo hago con la cabeza, debo decirte que no»
A la pregunta de si volvería a torear, respondió en 2023 con una sinceridad que hoy adquiere tono testamentario: «Si te contesto con el corazón, te diré que sí. Si lo hago con la cabeza, debo decirte que no».
Con Ángel Yern se va una figura singular en la historia reciente de las Pitiusas: la del único torero nacido en Formentera que llevó su origen por nombre artístico y que defendió, entre aplausos y controversias, una vocación improbable en una tierra de marineros, salineros y hoteleros.