Semana blanca para políticos y asesores que estos días han celebrado su efeméride preferida. Risas impostadas, canapés y carísimas presentaciones sin impacto alguno embadurnan unas jornadas en las que todos quieren estar. Todos se sienten importantes, imprescindibles, como si lo que hacen allí fuera a determinar el futuro del turismo de la isla. Imágenes de Ibiza en una mañana de diciembre para atraer más turistas en agosto son la tónica general: playas desiertas, aguas cristalinas y calles limpias. Ibiza se presenta como un oasis que está lejos de nuestra realidad estival. Cada año las mismas soflamas que ni los propios predicadores se creen y las mismas campañas dirigidas a… ¡SORPRESA! Los mismos políticos que las han pagado generosamente con el dinero del contribuyente. Es decir, cada enero pagamos por campañas publicitarias que no trascienden más allá de las redes sociales de cada ayuntamiento para atraer más turismo, pero en febrero nos ponemos todos muy serios pidiendo límites al turismo por su huella ambiental y la desbocada presión demográfica que ejerce sobre un territorio frágil y agotado. Querido lector, no se esfuerce en entenderlo. La única explicación reside no muy oculta en el jolgorio que invade a nuestros próceres entre degustaciones, fiestas y vino. Son las vacaciones pagadas que merecen para compensar el esfuerzo hecho durante el año. Todos posan serios fingiendo tener reuniones «muy importantes» y «muy productivas», la realidad es que cada cuarto de hora miran de reojo el reloj para saber si ya es la hora del almuerzo. Tras ello, un par de selfies para fingir amistad con los compañeros de partido y a por otra. Si usted, pobre diablo, no ha sido invitado, lamento decirle que, al igual que este vulgar columnista, no es nadie.
Opinión
Fitur a cuerpo de rey
Juan Carlos Rodríguez Tur | Ibiza |
El lloc on el món s’atura per veure com els nostres polítics es fan fotos davant d'un panell de cartó ploma. Perquè quan tens unes illes que ja no poden més de cotxes, cues i lloguers a preu de ronyó d’unicorn, la solució lògica és anar a Madrid a convèncer fins a l'últim habitant de la Patagònia que vingui a fer-se la foto a Ses Illetes al juliol.