Por un instante pensé que el ministro de Transportes iba a soltar algo así como me encanta el olor del napalm por la mañana. Pero, lacayo y parapeto de su ‘puto amo’ al fin y al cabo, se limitó a la queja de que solo había dormido tres horas. Momento que azuzó la memoria como magdalena proustiana, trasladándonos a cuando el nefasto presidente (¿más puto o más amo?) cortó una rueda de prensa porque eran las cinco y no había almorzado.
Por supuesto que el ministro se columpió por lianas selváticas soltando unas cuantas groserías en el Senado, como que le importaba una higa lo que dijeran sus señorías, pero eso era del todo esperado en semejante troll mediático, así como un ego (ese pequeño argentino que todos llevamos dentro, che) absolutamente descomunal –marca Bulosánchez, que en la emputecida sauna del poder la chulería se contagia como la mano larga—, aplaudiéndose a sí mismo y su inmejorable gestión… Formidable delirio paranoico, picaresca cum laude y caradura extraordinaria. Al final rogaba a las mismas señorías que nada le importan, que se pusieran en su lugar.
Una comparecencia para marcar el nivel educativo de nuestra clase dirigente y la piel de cocodrilo que demuestran ante la tragedia. También cómo se lavan las manos a lo Pilatos sin pelotas, no admitiendo jamás su responsabilidad. ¿Erótica del poder? Vulgar pornografía.
Bravamente maquinistas e ingenieros, hartos de tanta mentira, les sacan las vergüenzas cada día con el criminal mantenimiento de las vías, y todavía hay prensa libre que se atreve a investigar los bulos totalitarios del discurso oficial de un gobierno putrefacto. ¿Poder? Entre muy putos anda el juego, pero su propaganda paranoica ya no aguanta la tremenda bofetada de la cruda realidad.