Ignoro qué conjuro ha practicado el sátiro de Benimussa, Vicent de Kantaun, pero ha salido el Sol en Portmany para el Campeonato Mundial de Arroz de Matanzas, apoteosis culinaria de las Islas Pitiusas. Vuela en el aire la flecha del éxtasis, vino, arroz y frenesí. Hay tensión sujetada por la cortesía y el buen rollo entre los participantes, pues esta competición tiene repercusión planetaria y el ganador cobra aureola digna de olímpico. Están los mejores, y eso se nota.
El campeonato es ya cita multitudinaria, local y cosmopolita de miles de personas, gourmets y carpantas (si hay veganos, están de incógnito, y una vez han probado la sobrasada harán gala de la furia del converso) que se acercan a gustar los espléndidos arroces. La tajada general del pueblo promete ser monumental. Es como una fiesta dionisiaca de sabor antiguo, con una alegría formidable y espontánea. Corren más hectolitros de vino que agua en las cataratas de Iguazú y todo San Antonio, el pueblo más juerguista de la Isla de Bes, vibra con la fiesta.
Gracias a Dios aquí no hay fast food ni chorradas artificiales, nadie está dieta o cuenta tristemente las calorías, hay un cierto sentimiento de carnaval. Surge por doquier el sagrado gozo de la espontaneidad y uno brinda y danza y se enamora fácilmente con las al.lotas isleñas y forasteras; también hay mucho verro suelto. Es una bacanal a la portmanyí y se puede cantar que aquí está la vida y aquí hay que danzar. Por cierto que este nada humilde cronista se pasea como jurado y ya verá que secretos inconfesables puede contar…in vino veritas.
Viva San Antonio!!