Uno de cada dos hombres y una de cada tres mujeres serán diagnosticados de cáncer a lo largo de su vida. Las previsiones indican que en 2030 se superarán los 317.000 nuevos diagnósticos anuales en España, lo que equivale a un diagnóstico cada dos minutos. En Illes Balears se produjeron más de 6.400 nuevos diagnósticos de cáncer en 2024. Detrás de estas cifras hay personas. Muchas de ellas han vivido —o vivirán— el momento de salir de una consulta con un diagnóstico de cáncer y una pregunta que lo atraviesa todo: ¿y ahora qué?
Ese instante marca el inicio del proceso oncológico. Un recorrido complejo en el que el foco se pone, de forma lógica, en el tratamiento. Sin embargo, las necesidades de la persona con cáncer no son siempre las mismas ni se limitan a lo estrictamente clínico. Cambian con el tiempo, con el impacto emocional del diagnóstico, con la situación familiar, social o laboral y con cada etapa de la enfermedad.
«El programa de acompañamiento promueve su bienestar y formación, especialmente en habilidades de comunicación y gestión emocional, claves para una atención más cercana, segura y eficaz»
Hablar de una atención oncológica más humana e integral implica comprender todo lo que hay detrás de un diagnóstico. Significa situar a la persona en el centro del sistema, no solo desde una perspectiva ética, sino también como un factor con impacto directo en la salud, en los resultados clínicos y en la experiencia asistencial. Cada cáncer es diferente, pero también lo es cada persona que lo afronta. Por eso, pacientes y familiares reclaman una atención frente al cáncer que vaya más allá del tratamiento médico.
En este 2026, en el marco del Día Mundial Contra el Cáncer, la Asociación ha presentado un nuevo modelo de atención integral, construido a partir de la escucha activa de pacientes oncológicos y de sus familiares. De ese diálogo nace un programa de acompañamiento a centros sanitarios y sociosanitarios, orientado a impulsar un nuevo modelo de humanización con la persona con cáncer en el centro, basado en cuatro grandes ejes.
El primero es el abordaje holístico del cáncer. Cuidar no es solo tratar la enfermedad, sino también acompañar. Integrar el bienestar psicológico y social como un derecho estructural, inseparable del cuidado clínico, desde el diagnóstico hasta la supervivencia o los cuidados al final de la vida.
El segundo eje es garantizar el derecho a comprender y decidir. Humanizar es reforzar la autonomía y la participación de las personas afectadas. Con este objetivo, la Asociación impulsa la primera Red de Pacientes con Voz, para integrar la vivencia del paciente en la actividad de las entidades y en la toma de decisiones.
El tercer eje se centra en los entornos asistenciales. Los espacios, los tiempos, los circuitos y la burocracia influyen de manera decisiva en cómo se vive el cáncer. Espacios accesibles, serenos y coordinados pueden reducir la ansiedad y mejorar la experiencia del proceso oncológico. La Asociación ya trabaja en espacios humanizados que faciliten una atención integral y equitativa en todo el territorio.
Por último, no hay humanización sin profesionales. El programa de acompañamiento promueve su bienestar y formación, especialmente en habilidades de comunicación y gestión emocional, claves para una atención más cercana, segura y eficaz.
El cáncer es el mayor reto sociosanitario al que nos enfrentamos. Su impacto atraviesa vidas enteras y exige una respuesta integral. Humanizar la atención frente al cáncer es asumir un compromiso colectivo: poner a la persona en el centro, con una sola voz, frente al cáncer y frente a todas sus consecuencias.