Será el Parador de Ibiza un refugio para echar canas al aire? Cuernos consentidos o escondidos, cónyuges burlados, intercambio de parejas, aventuras de una noche o mil con vistas prodigiosas, sabiendo siempre, como se hace entre amantes civilizados, que el intercambio sexual no tiene por qué conllevar introducción social y que la discreción es sagrada.
Me vienen tales húmedas reflexiones al pensar en la historia del Castillo, cuando pasó del poder la Media Luna a la Cristiandad con el rey de Aragón en 1235. Las fuerzas de Montgrí accedieron al interior de la inexpugnable fortaleza por el pasadizo de San Ciriaco de manera sorprendentemente fácil. El paso se franqueó por pasión amorosa y hoy podemos brindar con vino y devorar sobrasadas gracias al encanto femenino.
La leyenda cuenta que el traidor fue el hermano del gobernador. La causa fueron los celos por la cornamenta que lucía gracias al adulterio de su mujer con su apuesto hermano. Erótica del poder. El gobernador era un hombre de sangre caliente cuya debilidad eran las mujeres hermosas. Y ella era una noble y altiva cristiana, capturada en el fragor de una batalla naval frente a las costas catalanas. Semejante dama no se conformaba con la soledad del harén, sintiéndose una más entre tantas concubinas, se dejó ver y el fuego de la pasión ardió en ellos (lo normal en la época mágica de los trovadores, amores ilícitos y culto supremo a la dama). Cuentan que la misma noche que los sorprendió abrazándose en el lecho, fue tanto su dolor que, ciego de rabia, corrió cimitarra en mano a abrir las puertas del pasadizo a las sorprendidas fuerzas de Montgrí, las cuales no dejaron escapar esta oportunidad de oro, nacida por una cana al aire. La conquista siempre es femenina.