es percibido como algo negativo. Turistas go home se ha convertido en un lema habitual, que ha aparecido en pintadas en numerosas ciudades europeas. Es cierto que en determinados momentos del año hay bastante masificación y que el alquiler turístico ilegal tiene un impacto directo en la vivienda: los precios se han disparado y la oferta de alquiler de larga estancia se ha reducido de manera significativa.
Los excesos siempre son malos, pero eso no justifica que haya que criminalizar al turismo y, mucho menos, pretender vivir sin él, especialmente en territorios como Balears. Ya tuvimos un ejemplo en la pandemia de la Covid-19; los meses de confinamiento supimos lo que eran las Islas sin turistas; a los primeros que llegaron los recibieron las autoridades al estilo ‘Bienvenido, Mister Marshall’.
Sin embargo, se nos olvidó muy pronto y el turista comenzó a ser visto como el responsable de todos nuestros males; también por parte de aquellos que son turistas en otros destinos.
Estoy totalmente convencida de que Dubái, Catar o Abu Dabi deben estar deseando que vuelvan los viajeros y que llenen sus hoteles, sus paseos, etc. Lo mismo sucede en Cuba. Estos destinos saben lo que es vivir sin turismo y estoy segura de que no es lo que desean.
El turismo, sin excesos, es muy positivo. Además, de generar empleo, ayuda a sociedades menos avanzadas a desarrollarse; especialmente a las mujeres, relegadas en muchas culturas. Es cierto que en Balears durante la temporada alta hay zonas que padecen la masificación turística, pero el viajero no es el responsable. Al igual que los baleares viajamos por el mundo, el resto de personas también tienen derecho a visitar nuestras Islas. Las autoridades deben evitar excesos.