Le preguntan en el Parlament al conseller Mateo por qué no hubo trenes desde Lloseta a Palma la noche de Carnaval, pese a que el ayuntamiento lo había pedido. Contestación: «SFM siempre ha estado colaborando para poder poner servicios especiales». Están convencidos de que lo inteligente es no decir nada en la primera respuesta. El socialista, a nivel barriobajero, añade: «Hay dos cosas que me molestan profundamente: una que me tomen por beneit y la otra que me mientan en la cara». Mateo le contesta que tiene que hacer oposiciones en SFM para ampliar plantilla y tener personal para transportar los pasajeros en una noche de Carnaval. Entonces destapa al culpable: «Tenemos un problema de personal porque con ustedes [los socialistas] la plantilla se redujo un 13 por ciento».
Carles Bona (PSOE) –más antiguo que Rosa Estarás– pregunta por el aumento de turistas y recuerda que la derecha hoy «no quiere eliminar 18 mil plazas que no están activas». ¿Por qué? Se pregunta y se responde: «porque las quieren poner en circulación». Gritos y aplausos en el mercadillo. El conseller: «Cuando ustedes entraron en el Gobierno había 492 mil plazas y cuando salieron había 607 mil. Entraron al gobierno y nadie sabía qué era saturación. Los que tenían una segunda vivienda la alquilaban a gente de aquí». O sea, los socialistas han causado la saturación. Verdad, aunque olvida que la derecha aún pedía más viviendas vacacionales. Pero nos quedamos sin saber qué harán ahora.
Pitaluga (PSOE): «Durante demasiado tiempo nuestros menores han estado […] desprotegidos ante los riesgos del entorno digital. Pero no sólo en la educación. Cuando los niños pueden pasar horas y horas ante una pantalla se convierte en una responsabilidad política». La consellera responde: «Sánchez anunció desde Dubai esta medida, unas horas después de que Santos Cerdán –¿lo conocen, verdad?– reconociese conversaciones con Leyre Díaz sobre negocios de la familia política del propio presidente». Cerdán como respuesta a la cuestión de Internet.
«Lo único en lo que fue rápido el gobierno de Armengol fue para pagar a Soluciones y Gestión [la empresa de las mascarillas de Koldo»
Carbonero (PSOE): «Las playas, por culpa del cambio climático, ya no pueden ser gestionadas como hace treinta años. Esto no es sostenible» Bla, bla, bla, para acabar con un «¿qué harán?». El conseller: «El Gobierno central nos trasfirió la gestión pero se quedó, y ustedes lo negociaron, la pasta [sic]. Se han llevado 36 millones en canon estos últimos treinta años. ¿Sabe qué ha invertido el Gobierno central en Baleares? Cero, cero».
La incombustible Pilar Costa: «La gestión de las ambulancias es surrealista. Primero compran ambulancias que no pueden conducir los conductores que tenemos, desmontan 45 ambulancias, gastan 56 millones de euros y a esto hay que sumar urgencias colapsadas. Me atrevo a decir que nunca habíamos visto una gestión más nefasta». La consellera: «Lo que sí es verdad es que los ciudadanos de Baleares han sufrido la dejadez del gobierno de Armengol, con unas ambulancias que llevaban circulando más de ocho, con 600 mil kilómetros muchas de ellas. Lo único en lo que fue rápido el gobierno de Armengol fue para pagar a Soluciones y Gestión [la empresa de las mascarillas de Koldo]. Aquí tengo las ayudas de la Covid, pagaron chalés y coches de lujo».
Patricia Gómez (ex-consellera): «Hay unas listas de espera interminables, las urgencias están colapsada, las ambulancias no se llevan los pacientes porque no están preparadas, los profesionales han de ir vestidos de calle» y habla de los dolores de cabeza que la gerente del hospital de Son Espases le causa a la titular de Sanidad. La consellera: «A mí la gerente no me da dolores de cabeza, a usted sí que se los dio su marido que lo tuvo que cesar. El inmovilismo y la altanería de Pedro Sánchez y de la ministra lo que está provocando…».
Preguntas falsas, manipuladas; respuestas idiotas, retorcidas, indignantes. Un espectáculo de acusaciones mutuas. Un debate denigrante, incivilizado, cutre, de cueva de ladrones. La consecuencia es que ya nadie escucha a nadie. Tampoco nadie habla para ser escuchado. Es una ceremonia infantil, absurda. Todas las acusaciones son verdad, todas las defensas son mentira.
Este es el nivel. Cómo no van a crecer los movimientos políticos marginales e incendiarios. Esto no es un debate. No hay respeto ni rigor; la verdad no existe. Los comerciantes regateando en un bazar, diciendo que este es el último precio, tienen más credibilidad que estos políticos chuscos. Si aún quedan demócratas es porque no conocen el Parlament. Estos espectáculos deberían ser secretos: ni los ciudadanos más maliciosos imaginarían algo tan miserable. De verdad, diputados: sois un peligro para la convivencia.