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Memorias: «Paz, Piedad, Perdón»

| Ibiza |

Es el «epitafio» que reza sobre el túmulo de Azaña, frase inspiradora para quienes se mataron en 1936 y abrazaron la concordia de 1977 tras la amnistía, abriendo nuevos tiempos democráticos, sin deudas para sus nietos y su derecho a un futuro mejor, rescatando y dignificando víctimas olvidadas en fosas, sin distinciones políticas.

La distópica ley de memoria histórica derogada en Baleares buscó hacer distinciones. Revanchismo guerracivilista de una España contra otra, abriendo heridas en nietos sin culpas. Tacticismos políticos rechazaron la concordia por réditos electorales (hay que tensionar) hasta el paroxismo del «comodín de Franco»: elecciones un 20 de noviembre.

Decía E. A. Blair (George Orwell) «quien controla el pasado, controla el futuro; quien controla el presente, controla el pasado». Hoy, el poder vigente democratiza por ley el criminal pasado de unos, llamando fascistas a otros, estéril sinsentido.

En «1984», Orwell relata su experiencia como miliciano en las «brigadas internacionales» organizadas por Stalin desde el «Komintern», apoyando un proceso revolucionario comenzado en 1931 con la mirada puesta 14 años atrás en Petrogrado. Tras huir Alfonso XIII, el Palacio Real fue asaltado e izada la bandera roja. La reina María Victoria de Batttenberg fue testigo.

Orwell huyó espantado de aquella Barcelona anarquista de las FAI. El POUM, exterminado por orden de Stalin. Su líder, Andreu Nin, desollado vivo por orden del «padrecito», relato en agosto del 36 como resolvieron el problema eclesial: «no queda un cura vivo».   

Aquellos milicianos consumían «fuet de monja» (madre Apolonia), una «delicatessen» culinaria fabricada en Sarria; cerdos alimentados con cadáveres descuartizados de monjas previamente violadas. La feminista Almudena Grandes escribió que gozaban («tú odio mi sonrisa»). En Ibiza, sin guerra hasta desembarcar Bayo, los amigos de Nin estamparon su siniestra ideología en 21 peligrosos curas, asesinados por fascistas, claro. Su crimen, la fé.

Ni las monjas que alimentaron a cerdos milicianos, ni el cadáver del comunista Nin tendrán una tumba digna, pero miles de españoles de ambos bandos por desenterrar merecen tumba y memoria sin manipulaciones, impuestas con distopicas leyes predecidas por Orwell: «En tiempos de engaño universal decir la verdad será un acto revolucionario, y las mentiras verdad, repetidas suficientes veces.»

La prostitución de nuestra historia y del término democrático dañan la impagable Concordia del 78. Gracias a ella regresaron criminales de guerra como Carrillo, «marqués de Paracuellos,» o «La Pasionaria: «este hombre ha hablado por última vez»    (sobre Calvo Sotelo - narrado por Josep Tarradellas).

Bajo la falsa premisa de rescatar cuerpos, leyes de desmemoria recuperan el maniqueo juego de buenos y malos, culpando a media España por rebelarse contra una ejemplar democracia parlamentaria; jamás revolucionaría. No fue asi.

Revolucionario (golpista) fue la primera acción politica del Pacto de San Sebastián, embrión de la II República: el levantamiento militar de Jaca.   

«En Ibiza, sin guerra hasta desembarcar Bayo, los amigos de Nin estamparon su siniestra ideología en 21 peligrosos curas, asesinados por fascistas, claro. Su crimen, la fé»

Un año después asaltaron las elecciones municipales: abril 1931. Sus resultados jamás se publicaron; perdieron por goleada salvo en las capitales. Allí, las hordas marxistas tomaron Madrid con el masón republicano general Sanjurjo consintiendo; hoy si, mañana no. Alfonso XIII embarcó al exilio desde donde huiría después el frente popular, Cartagena, utilizado para expatriar el oro saqueado al Banco de España SA hacia Moscú.

Quien pedía «Paz, Piedad y Perdón», a tres semanas de inaugurarse la II República afirmó: «Todas las iglesias no merecen una gota de sangre de un republicano»    Azaña (a la sazón ministro de la guerra) se negó a impedir las quemas de Iglesias. Comenzaba su «democracia».

Estas heroicidades que la Orwelliana ley oculta son reveladoras. Tras el pucherazo del 31, el PSOE dió otro golpe tras perder las elecciones del 33. Lo llamaron «La revolución de octubre» porque suena más ChupiGuay que «golpe de estado». Miles de víctimas, la biblioteca y la Universidad de Oviedo dinamitadas. 80.000 incunables perdidos. Los de la cultura.

Alcalá Zamora (presidente de la República) sólo logró restaurar la legalidad constitucional enviando al joven Franco. Quien dirigió las operaciones (Ochoa) fue decapitado en 1936, y su cabeza paseada sobre una bayoneta por milicianos «democráticos». El Madrid de las «checas» y el «terror rojo».

Concluyendo este terrible resumen democráticamente ocultado por ley, en febrero del 36 revientan nuevamente las elecciones, desatando una orgía de crímenes que culminan secuestrando y asesinando al líder de la oposición, D. José Calvo Sotelo, llamado «el ministro bolchevique» por cobrar impuestos a aristócratas y la primera ley de sufragio femenino. ¡Qué fascista!

«Media España no se resignó a morir», exclamo Gil Robles tras aquel asesinato que desato la sublevacion militar, ante las reiteradas amenazas del golpista secretario general socialista Largo Caballero, cuyo ejemplo dice seguir Pedro Sánchez:

«Si triunfan las derechas tendremos que ir a la Guerra Civil declarada.

La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo.

No creemos en la democracia como valor absoluto.Tampoco en la libertad.»

Por contar verdades que ofenden a esa ley, censuran con 180.000,€ de multa y 4 años preso (igual que en la República).

Aquellos militares (últimos golpistas) se rebelaron contra un frente popular democráticamente travestido que proclamaba la dictadura del proletariado, impuesta 19 años antes en Rusia.

«Viva Rusia», decían…

Baleares sufre problemas gravísimos (vivienda) como para repetir este casposo conflicto archi documentado.

¿Dónde quedó la Concordia?

¿Cuando pasamos página?

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