La gestión de los residuos en Ibiza y Formentera lleva años caminando hacia el precipicio. El vertedero de Ca na Putxa está prácticamente al límite de su capacidad y pronto será cerrado porque ya no hay dónde enterrar las basuras que no se pueden reciclar. La presión demográfica y turística no hace más que aumentar la generación de inmundicias. Y ante ese panorama, el Consell d’Eivissa optó por una solución pragmática: trasladar parte de los residuos a la planta incineradora de Son Reus, en Mallorca, mediante un plan piloto que podría arrancar en abril y que prevé enviar unas 30.000 toneladas durante un máximo de dos años.
No es una solución perfecta. Nadie lo ha dicho. Pero al menos alguien tiene un plan. El problema es que frente a esa iniciativa aparece, una vez más, el PSOE con su receta habitual: decir que no a todo sin proponer absolutamente nada. Es lo que tiene saber que no vas a gobernar, que puedes incurrir en el populismo más descarnado y caer en la absoluta demagogia. La portavoz socialista en el Consell de Mallorca y expresidenta de la institución, Catalina Cladera, lo dejó meridianamente claro al criticar el traslado de residuos y reclamar que Ibiza «haga sus deberes» y reduzca los residuos que genera.
Muy bien. Pónganse manos a la obra. ¿Pero mientras tanto qué hacemos con la basura? Porque aquí está la gran cuestión que el socialismo balear evita responder: las bolsas de basura no desaparecen por decreto ni por discursos ecológicos. Cuando un territorio produce residuos, hay que tratarlos en algún sitio. Y cuando un vertedero está cerca de colapsar, las alternativas reales son muy pocas.
La primera opción es construir una incineradora en Ibiza. Una infraestructura de cientos de millones de euros —que ya es dudoso que ninguna empresa quisiera poner en marcha porque no la rentabilizaría en 100 años—, que nadie quiere tener cerca de su casa y que abriría un conflicto político y social monumental. Basta ver lo que pasó en Son Reus para entenderlo. Pregunten, pregunten.
La segunda opción es ampliar el vertedero, pero eso choca frontalmente con las directivas europeas y con el propio discurso ambientalista que tanto enarbola la izquierda. La «solución» de enterrar las basuras hace décadas que no se permite en la Unión Europea porque es un atentado ecológico.
La tercera y última posibilidad es trasladar residuos a instalaciones existentes que sí tienen capacidad para tratarlos. Es exactamente lo que se pretende hacer con Son Reus, una planta que, según las instituciones mallorquinas, tiene margen suficiente para asumir ese volumen adicional de basura y convertirla en energía eléctrica. Pero al PSOE esa solución tampoco le gusta. Tampoco a Més per Mallorca (hermanos políticos de Ara Eivissa) ni a Unidas Podemos.
De modo que estamos ante la típica paradoja política: no quieren incineradora en Ibiza, no quieren enviar residuos a Mallorca, no quieren ampliar vertederos y tampoco presentan una alternativa viable. Bueno, sí, criticar a Vicent Marí y al PP, algo que se les da estupendamente.
La izquierda balear lleva años proclamando su sensibilidad ambiental, pero cuando llega el momento de gestionar problemas reales, su posición se reduce a la vacuidad absoluta. Es el ecologismo de pancarta: muy eficaz para protestar, absolutamente inútil para gobernar. Mientras tanto, cada noche los camiones de recogida de basura descargan en Ca na Putxa, donde separan lo que pueden y siempre hay un volumen determinado de residuos que van al hoyo y que pronto estará rebosante y no cabrá ni una tonelada más.
El plan piloto que plantea el Consell de Ibiza no resolverá definitivamente el problema, pero al menos se gana tiempo para diseñar una solución estructural. Es una medida pragmática ante una urgencia evidente. Frente a eso, la propuesta socialista es el vacío. Por eso, conviene señalar que el mayor riesgo ambiental que acecha a las Pitiusas se llama PSOE. Si de ellos depende, se desbordará el vertedero de Ibiza sin que muevan un solo dedo más allá de criticar al PP y gritar ‘No a la guerra’. Suerte que los ciudadanos lo ven claro y se encargan de mantenerlos lejos del poder en Baleares.
PauTe dejo esto "diestro", ya que no aportas muchas soluciones, al menos sepas de lo que hablas: "El Consell abona con 43 millones a Tirme para evitar que suba la tarifa de residuos. Para 2024 quedará en 114 euros por tonelada incinerada y el gobierno del PP y Vox admite que, de momento, no pueden bajarla un 10 % como prometieron en campaña"