Yo siempre he defendido la libertad de horarios y querer encorsetar la música me parece un disparate. Solo faltaría ya que nos dijeran qué sesiones tienes que poner, algo que ya sufrimos antes. Este tipo de cosas me parecen una interferencia en el arte, porque no se puede confundir la música con los vicios o con los desmanes contra los que hay que luchar».
Este párrafo no es mío. Pertenece al ilustre señor Pepe Roselló y fue publicado
en la web Makineros.com bajo el título ‘Cierra Space Ibiza, el after donde enloqueció medio mundo’, con motivo del cierre de la emblemática discoteca de Playa d’en Bossa que durante años gestionó el señor Roselló. Un empresario que marcó una época, impulsor de los afters y de jornadas maratonianas de música sin interrupción, «música non-stop» como él mismo se vanagloriaba de decir.
Sin embargo, resulta sorprendente que ahora la asociación que preside- Asociación Empresarial de Ocio Nocturno Noches de Ibiza (AEON), integrada por empresarios del West End, «núcleo del turismo de borrachera en el municipio de Sant Antoni» —como define el Diario.es a esta zona en un reciente artículo—, reclame precisamente lo contrario: controles de horarios, sanciones y todo tipo de restricciones de aplicación en toda la isla.
La contradicción salta a la vista. Hace unos días dije en el programa Bona nit Pitiüses de la Televisió d’Eivissa i Formentera (TEF) que el West «es cosa del pasado y no es una buena zona para la isla de ibiza», y lo interpretan como un «ataque» a «los vecinos» —que, por cierto, están más que hartos—, «a los empresarios» —que curiosamente también reclaman cambios—, al «conjunto de Sant Antoni» —cansado de esta zona—, «a la isla» —que pasa olímpicamente del West— y, ya puestos, casi al universo entero. ¿Por qué no preguntan directamente a todos ellos si el West es, efectivamente, agua pasada? ¿Qué pregunten si es una buena zona para la isla de Ibiza o es «un núcleo del turismo de borrachera en el municipio de Sant Antoni» como lo define el Diario.es?
«Lamentable» e «injustificable» es hacerse la víctima para evitar reconocer errores propios, refugiarse en otros para evadir responsabilidades y, de paso, culpar al entorno.
Durante años, distintos gobiernos municipales, de diferentes signos políticos, han intentado transformar el modelo del West End con el respaldo de los vecinos. Todos han fracasado ¿El motivo? la resistencia de un reducto grupo de empresarios que hoy exigen cambios, pero que históricamente se han negado a impulsarlos plenamente. Su guerra les ha dado el beneficio de una hora más de negocio.
La actitud del señor Roselló, marcada desde hace años por una inquina y resentimiento personal, no merece mayor atención, y mucho menos en un momento tan delicado como el actual. Estamos en medio de dos guerras, una en Oriente Medio y otra en Ucrania que generan una gran incertidumbre en la economía mundial y el turismo del que vive la mayor parte de las familias de esta isla puede estar seriamente amenazado. La crisis energética afectará sin duda en la movilidad y el transporte. Los opening están a la vuelta de la esquina y, crucemos los dedos, de momento tenemos buenas perspectivas, incluso Iberia Express ha aumentado el número de vuelos hacia la isla por la alta demanda, pero todo esto puede ser solo un espejismo en una temporada incierta.
Por todo ello, no merece la pena dedicar más tiempo a discursos que nacen desde la contradicción. Quienes en su día promovieron un modelo ahora lo critican, pero siguen sin apostar realmente por su transformación gastando tiempo y recursos de la Administración en guerras vacías. El señor Roselló sólo se mueve por el odio y ahora predica todo lo contrario de lo que hizo cuando se jugaba su dinero como empresario.
Sant Antoni es un municipio con un enorme potencial y de los más bellos de las Baleares. Desde Ocio de Ibiza seguiremos apoyando todas aquellas iniciativas, vengan del signo político que vengan, que impulsen un cambio real. Ejemplo de ello son proyectos de renovación como la intervención artística llevada a cabo por Okuda San Miguel.
Afortunadamente, son pocos los que se oponen a esta evolución. La mayoría de la sociedad y del tejido empresarial entiende que el cambio no sólo es necesario, sino inevitable. Porque, por mucho que se repita una mentira, nunca se convertirá en verdad.