En Ibiza convivimos con dos grandes infraestructuras de transporte que son clave para nuestra economía y nuestra vida diaria: el puerto y el aeropuerto. Ambas están catalogadas como infraestructuras de interés general del Estado. Ambas canalizan millones de pasajeros al año. Y ambas condicionan, para bien o para mal, la movilidad, la saturación y la convivencia en la isla.
Sin embargo, en los últimos tiempos se ha hecho evidente que no se gestionan con el mismo enfoque ni con la misma sensibilidad hacia el territorio.
El aeropuerto: crecer para absorber demanda
La reciente decisión de ampliar el Aeropuerto de Ibiza, duplicando sus puertas de embarque con una inversión cercana a los 230 millones de euros, responde a una lógica muy clara: anticiparse al crecimiento de la demanda aérea.
El modelo de AENA, común a la mayoría de los aeropuertos de la red estatal, se basa fundamentalmente en: prever incrementos de pasajeros, ampliar capacidad física, y adaptar la infraestructura interna (terminal, controles, puertas, diques).
Es un modelo técnicamente sólido, pero muy centrado en el recinto aeroportuario. El problema aparece cuando ese crecimiento no se acompaña de una integración real con el territorio que lo rodea.
Cada millón de pasajeros adicional no se queda en la terminal: sale a la carretera, al taxi, al autobús, al alquiler de coches. Y ahí es donde Ibiza empieza a sufrir las consecuencias.
El puerto: gestionar los límites antes que ampliarlos
Frente a este enfoque, el puerto de Ibiza ha seguido en los últimos años un camino muy distinto. Y los resultados están a la vista.
Según ha publicado Periódico de Ibiza y Formentera, la isla ha logrado eliminar la saturación provocada por los cruceros gracias a la reorganización de las llegadas, fruto del trabajo conjunto del Consell de Ibiza y la Autoridad Portuaria de Baleares.
Es cierto que quizás sea exagerado decir que se ha eliminado, pero sin duda ha mejorado y aún hay trabajo por hacer (sobre todo en la gestión del dato y aplicación de nuevas tecnologías), pero es cierto que los criterios están claramente marcados.
En el puerto el punto de partida ha sido otro: asumir que existen límites reales y que no todo se soluciona construyendo más.
El modelo portuario se ha basado en: escalonar las llegadas de cruceros a partir de las 11.30 horas, limitar el desembarque a unos 3.000 pasajeros por hora, evitar la coincidencia de grandes buques laminando escalas, y coordinar con la demanda el transporte urbano, los taxis, city boat y otros modos de transporte.
No se ha reducido la actividad por capricho, sino que se ha ordenado. Y al hacerlo, se ha mejorado la movilidad, la experiencia del visitante y la calidad de vida de los residentes.
Dos modelos de gestión pública muy distintos
Ambas infraestructuras dependen del Estado, pero su forma de gobernanza marca la diferencia.
En el puerto: existe una autoridad portuaria con presencia directa en el territorio, hay una interlocución constante con el Consell y los ayuntamientos, y las decisiones se toman teniendo en cuenta el impacto urbano inmediato.
En el aeropuerto: la toma de decisiones es mucho más centralizada, el diálogo con el territorio es más limitado, y la respuesta habitual ante la presión es aumentar capacidad.
No es una cuestión de voluntad, sino de modelo.
El papel de los datos y la tecnología
Otro elemento clave es el uso de los datos. En la gestión de los cruceros se ha demostrado que planificar con datos reales y horarios concretos funciona.
No se ha hablado de «máximos teóricos», sino de: capacidad real por hora, impacto en los sistemas de transporte, y efectos directos en la ciudad.
Coordinación y movilidad sostenible
En el aeropuerto, en cambio, el discurso sigue muy ligado a cifras anuales y previsiones globales, pero poco a la gestión fina de los picos diarios y horarios, que son los que generan los problemas reales en Ibiza.
Infraestructuras del Estado, responsabilidad compartida
Nadie discute que el aeropuerto de Ibiza necesita adaptarse a nuevas exigencias operativas ni que es una pieza clave para la conectividad de la isla. Pero el ejemplo del puerto demuestra que otra forma de gestionar es posible.
No se trata de oponer puerto y aeropuerto, sino de aprender de lo que funciona: coordinación institucional, decisiones basadas en datos, y una visión clara de que el territorio no es infinito.
Caminemos juntos
Ibiza y Formentera no necesitan infraestructuras que crezca con la proyección de la demanda teórica, sino una visión conjunta e infraestructuras mejor gestionadas. Cuando una infraestructura del Estado actúa de espaldas al territorio, los problemas se trasladan a los ciudadanos. Cuando actúa de la mano de las instituciones locales, las soluciones aparecen.
Desde la Asociación Española del Transporte nos ponemos a disposición de las administraciones de Ibiza y Formentera con competencias en la materia para generar e impulsar el Foro para la Movilidad Sostenible de Ibiza y Formentera (como parte del Grupo de Trabajo para la Movilidad de nuestra asociación) potenciando la coordinación y aplicación de las nuevas tecnologías para caminar juntos hacia un modelo de movilidad sostenible como pilar estratégico para una buena experiencia de nuestros visitantes y respeto a los residentes.
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«En el puerto: existe una autoridad portuaria con presencia directa en el territorio, hay una interlocución constante con el Consell y los ayuntamientos, y las decisiones se toman teniendo en cuenta el impacto urbano inmediato»
Ignacio Revilla Alonso
Delegado territorial en Baleares de la Asociación Española del Transporte