Sant Joan tiene claro qué quiere ser de mayor. En el norte de la isla existe un consenso social y político unánime sobre el modelo territorial y el modelo turístico de nuestro bello rincón. Somos el pulmón verde de la isla y debemos proteger nuestro entorno, dada su fragilidad. La creciente presión demográfica amenaza la paz y la calidad de vida de nuestra isla en general y nuestro municipio en particular. No son pocas las iniciativas económicas que pretenden enturbiar esa tranquilidad que emana la abrupta y extenuante costa desde Sant Miquel hasta Sant Vicent. Recientemente hemos sido conocedores que una empresa privada pretendía hacer un infame circuito de motos acuáticas para que compitieran a toda velocidad, destrozando el paisaje, el silencio y la singularidad de nuestras aguas. Pretendían ocupar nada menos que 62.500m2 de nuestras aguas y aprovecharse incluso de un punto de atraque en Portinatx.
Afortunadamente, el Ayuntamiento ha reaccionado con premura ante esta amenaza y ha hecho sus deberes informando desfavorablemente este despropósito y sentenciando de muerte el proyecto. Ahora falta que la Dirección General de Costas que depende del Govern Balear haga lo propio y acabe de un plumazo con este intento de destrozar un espacio protegido por la Xarxa Natura 2000.
Tanto el departamento de turismo y playas como la alcaldesa han rechazado que Sant Joan se convierta en un parque temático del desenfreno y la degradación. En el cumplimiento de su deber, han antepuesto a los vecinos frente a los espurios intereses económicos de una empresa. No será el único intento de convertir Sant Joan en lo que no debe ser, por ello se hace necesario permanecer atentos y vigilantes. De momento, gracias por respetar nuestra identidad y modelo de vida.