En lo que antaño era un mercadillo hippie, sobre el cual todavía queda la enorme figura de un enorme gorila que daba nombre al espacio, ahora viven cerca de una treintena de personas en infraviviendas. A diferencia de lo que sucede en la estructura abandonada de Punta Xinxó, a escasos 200 metros de la zona, aquí no lo hacen a simple vista sino que se refugian en el interior de esos antiguos locales, reformados hace unos años y que ahora dan cobijo a familias enteras.
Este solar es de titularidad privada. El dueño, lejos de negar la existencia de esta especie de albergue ilegal, reivindica que las condiciones del lugar son adecuadas para los usuarios que se encuentran en dicho espacio: «Tienen todo lo que necesitan, un techo para dormir, 14 duchas en total, baños...». Reivindica que con la actual situación de la vivienda sino fuera por este espacio, estas personas estarían «o en la calle o en un lugar como el edificio abandonado».
Contabiliza en algo menos de una treintena de personas la gente que vive en el interior del antiguo mercadillo hippie: «Creo que hay 14 mujeres y 12 hombres». De ellos, una buena parte son trabajadores de algunos de sus negocios, comenta. E incluso, incidiendo en lo buena de las condiciones en las que residen las personas en su interior, asegura que su propio hijo vive también ahí.
Trabajadores
De entre las personas que viven en su interior, asegura el propietario que se dividen en dos. En primer lugar, aquellos que son trabajadores de algunos de sus negocios de la zona de Sant Antoni y Cala de Bou «a los cuales no les cobro nada de alquiler». La otra gran parte serían subarrendamientos que realiza un conocido suyo, al que define como «el moreno», que sí que estarían pagando por estar en dicho lugar. «La verdad que no sé cuanto pagan. 300 euros al mes quizás, no lo sé».
Preguntado por si considera que está cometiendo una ilegalidad, relativiza el problema: «Si nos ponemos a mirar qué es legal y qué no, casi todo no lo es». Sobre las condiciones del subarrendamiento, incide en que lo único que hace es «alquilar algo que es mío a una persona» y se desentiende así de los potenciales cobros que se realicen a terceros.
Sobre el interior del lugar, asegura que se trata de unos locales bien preparados, que fueron reformados hace poco más de una década, y en los que asegura prefiere tener a gente viviendo porque ha tenido problemas de ocupación en el pasado. «Se me llenó el sitio de gente y fue complicado sacarlos. Algo que también me pasó en los locales de uno de los negocios», asegura en declaraciones a Periódico de Ibiza y Formentera.
En todo caso, considera esta situación como temporal puesto que su idea es poder vender los terrenos para que sean edificables. «Estamos en conversación con cinco empresas para ver como podemos hacerlo», asegura. Su idea es llegar a un acuerdo en el que, a cambio de permitir la edificación, se pueda quedar como propietario del terreno con una parte de ésta.
Apartahotel frustrado
En este punto es preciso recordar que ya en el año 2021 se proyectó en el lugar la construcción de un apartahotel. Dicho anteproyecto de este establecimiento mostraba la construcción de cuatro bloques de apartamentos de tres plantas, un gimnasio y un edificio de recepción con cafetería en torno a dos piscinas dentro de una amplia zona verde.
El complejo había de tener 3.828 m² construidos dentro de un espacio de casi 11.000 m². El proyecto, a cargo de la promotora Fifty SL, contaba con una proyección de 54 apartamentos de una habitación con cocina, salón y una terraza con vistas a la zona de piscina. En el sótano de los cuatro bloques de apartamentos se habría de haber instalado un aparcamiento con plazas para 57 vehículos.
Un proyecto que quedó finalmente abandonado por choques entre la propiedad con la burocracia municipal que obligaron a parar el proyecto que involucraba una inversión total de 8,5 millones de euros, y que dejaba al solar del antiguo Gorila Park como el lugar que es hoy.
Ahora, confía la propiedad en que se pueda retomar un proyecto de estas características debido a los cambios municipales emprendidos en materia de urbanismo: «Se que se darán más facilidades si se destina una parte a viviendas para residentes. Eso podría ser una fórmula», asegura.
Respuesta municipal
Sobre todo lo explicado por el dueño de estos terrenos y la actividad de infraviviendas en el solar, este rotativo ha consultado al Ayuntamiento de Sant Josep, desde donde este martes afirmaron tener «constancia; se está actuando administrativamente por actividades y urbanismo». Sin embargo, no ofrecieron información sobre un posible censo de personas. Como hecho curioso, la oficina de Turismo de Cala de Bou del Consistorio josepí se encuentra en esa misma parcela del Gorila Park, a escasos metros de la antigua entrada de éste.
Pasear por la zona que muchos vecinos ya conocen como “Cala Bronx” produce una sensación de inseguridad que hace unos años era impensable. Caminas sujetando el bolso con fuerza, te preocupa dejar el coche aparcado y, en muchas ocasiones, cambias de acera o aceleras el paso al encontrarte con grupos que generan tensión por su actitud o comportamiento. No se trata de señalar el origen, la nacionalidad o la condición de nadie. El problema es la sensación de inseguridad que se ha instalado en determinadas zonas y que cada vez compartimos más vecinos. Quienes vivimos aquí sentimos que estamos perdiendo algo muy valioso: la tranquilidad y la calidad de vida que siempre habían caracterizado a nuestra isla. Da la impresión de que se está creando una ciudad a dos velocidades: por un lado, las zonas más exclusivas, donde la delincuencia también existe pero sus consecuencias parecen amortiguarse por los recursos disponibles; por otro, los barrios donde vive la mayoría de la población, que soportan un deterioro creciente de la convivencia y una sensación constante de miedo e inseguridad. Lo que muchos ciudadanos reclamamos no es confrontación ni buscar culpables por su origen. Pedimos que se garantice el derecho de cualquier persona a pasear, aparcar su coche o disfrutar de su barrio con normalidad, sin miedo. Recuperar la convivencia, la seguridad y el respeto por el espacio público debería ser una prioridad para todos.