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Masada

| Ibiza |

Corría el año 74 cuando las legiones romanas, comandadas por Tito, hijo del emperador Vespasiano, tomaron Jerusalén masacrando a sus habitantes y saqueando sus templos para aplastar la rebelión judía contra su dominio. Tan solo algunos reductos rebeldes desafiantes del poder romano sobrevivían en las fortalezas construidas en el inhóspito desierto de Judea a orillas del mar Muerto. Las de Maqueronte y Herodión no tardaron en sucumbir a la fuerza del águila. Pero no ocurrió lo mismo con Masada, en la que los sicarios, un grupo de indómitos combatientes que usaban la sica como daga, mostraron una feroz resistencia que tan solo cedió tras uno de los asedios más complejos y largos de la brillante historia bélica del imperio romano. Lucio Flavio Silva, comandante de la Legio X Fretensis, planeó concienzudamente el asalto. Ordenó levantar un muro que rodeara completamente la fortaleza y construir una enorme rampa de piedras y tierra coronada por una torre de asalto. Iniciado el ataque, los romanos derribaron con su ariete parte de la muralla, pero un incendio les hizo desistir de su avance. Ese día no cayó Masada, pero solo era cuestión de tiempo.

Sabedores de su cruel destino, los moradores de Masada, con su líder Eleazar Ben Yair a la cabeza, prefirieron suicidarse antes que aceptar la rendición para evitar ser humillados por los romanos. Aquella noche acordaron que cada hombre diera muerte a su esposa e hijos. De entre ellos se eligió a diez que se encargaron de matar al resto. Uno de estos diez quitó la vida a los otros nueve y, finalmente, este último se suicidó no sin antes prender fuego a la fortaleza, a excepción de los depósitos de víveres, para demostrar a sus enemigos que su decisión no se había tomado por desesperación, sino por voluntad propia. Con la llegada de un nuevo día la legión romana comenzó el asalto final, pero sorprendentemente no encontraron resistencia. Tan solo silencio y casi un millar de cadáveres junto a dos ancianas y cinco niños que se habían escondido salvando su vida y que pudieron contar lo sucedido. Masada sucumbió tras un largo asedio, pero perduró para siempre como un símbolo de tenacidad y resistencia.

También asistimos en nuestro país a un episodio épico tan solo comparable con el desplegado por los legionarios a las órdenes de Tito rodeando Masada y los rebeldes de Eleazar Ben Yair resistiendo en su interior. Y es que el incesante ejercicio de acoso y derribo llevado a cabo por las pocas torres de asalto que quedan todavía en pie es replicado sistemáticamente con un inusitado esfuerzo de resistencia numantina. Porque a la ausencia de aprobación de los presupuestos generales y a las excesivas prebendas reclamadas por los socios de turno a cambio de su apoyo incondicional, se suma ahora un aluvión de causas judiciales que cercan cada vez más a unos combatientes que se atrincheran con todas sus fuerzas en la fortaleza negándose a abandonarla o a rendirse. La arenga que se entona es propia de la advertencia que lanzó Tocqueville con aquello de que «la tiranía no necesita cadenas, le bastan las reglas bien diseñadas». Porque quiere hacerse pensar que realmente todo es una compleja conspiración perfectamente orquestada para reducir al enemigo. La enésima muestra de lawfare en la que la justicia solo trabaja en una única e intencionada dirección olvidando cuanto se cuece en otras cocinas.

Pero la realidad es que las investigaciones y procedimientos se suceden y acumulan salpicando a diestro y siniestro. A la instrucción y enjuiciamiento de la primera dama por presunto tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación y apropiación indebida, le siguió el de un familiar directo, junto a otros investigados, por presuntos delitos de prevaricación y tráfico de influencias, a lo que se unió también el enjuiciamiento y condena del alto fiscal por revelación de secretos tras difundir información confidencial. Otros escándalos saltaron a la palestra acto seguido, como el de las presuntas comisiones ilegales en la compra de mascarillas durante la compleja época de emergencia sanitaria derivada de la pandemia atribuyéndose a sus responsables los delitos de organización criminal, cohecho, tráfico de influencias, malversación, prevaricación documental y uso de información privilegiada. También el relativo a presuntos amaños de adjudicaciones millonarias de contratos para la ejecución de infraestructuras a cambio de suculentas comisiones, otro en el que se investigan actividades ilícitas vinculadas al sector de distribución y comercialización de hidrocarburos y aquel en el que se indagan ingresos y reembolsos en efectivo.

Pero ahora la situación se ha vuelto más insoportable, porque también se investigan posibles irregularidades en el rescate público de una aerolínea a través de una red de tráfico de influencias y posibles comisiones ilegales y, por si faltaba algo en este agotador telemaratón delictivo, resulta que en la Audiencia Nacional se investiga una presunta trama orquestada para interferir en todas estas causas judiciales, desestabilizarlas y sabotearlas desacreditando a jueces, fiscales y mandos de la UCO por medio de sobornos, extorsiones y el uso de medios de comunicación afines haciendo buena aquella frase de Mark Twain de que «si no lees la prensa estas desinformado, pero si la lees estás mal informado». La resolución judicial describe como, quien sostuvo en su día dedicarse a elaborar un trabajo de investigación periodística presuntamente, cobraba por llevar a cabo la sucia labor de intentar influir sobre el fiscal anticorrupción, obtener información personal y reservada de los agentes de la Guardia Civil que investigan estos asuntos y sobornar a testigos para que cambiaran su declaración. Vamos, el clásico lawfare de toda la vida del Señor. Claro que sí guapi.

La derrota parece inminente. Están sitiados y hastiados. Los víveres y las fuerzas escasean. El desgaste es excesivo. La demostración de resiliencia ante la adversidad es admirable. Pero Masada sucumbirá y solo perdurará el silencio y las cenizas de lo que un día fue. Iudaea capta.

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