Que con la que está cayendo a nivel nacional, sorprende que el PSOE de Sant Antoni haya abierto una cruzada contra una de las políticas que más consenso debería generar: la seguridad. Y, ante esto, una ya no sabe si reír o llorar.
Como sucede en cualquier municipio turístico, la seguridad es fundamental para que todo el engranaje funcione. Y no solo porque esté en juego ese factor para los residentes sino porque la imagen de un destino se puede ver especialmente afectada si la seguridad falla. De ahí que ya fuera muy importante que el Ayuntamiento lograra nada menos que 4 millones de euros de los fondos del Impuesto de Turismo Sostenible para poner en marcha un programa de acciones nunca visto ni allí ni en ningún otro municipio de la isla.
Los socialistas, en lugar de aplaudirlo y de ofrecer colaboración, se han dedicado a ensuciar con medias verdades un trabajo que ellos mismos deberían saber que cuesta un mundo sacar adelante. Y por eso sabe muy mal escuchar a Neus Mateu cuando reacciona ante las injustas críticas del PSOE en este municipio. Porque Mateu se ha dejado la piel en el proyecto y, sobre todo, porque la Policía Local ha puesto toda la carne en el asador para que Sant Antoni deje de ser noticia por los problemas y empiece de una vez por todas a serlo por sus muchos atractivos.
Pero la mezquindad es lo que tiene. En Vila sucede exactamente lo mismo. Cualquier acción del Gobierno municipal es duramente criticada por la bancada del PSOE, que sufre de amnesia colectiva y no recuerda que estuvo gobernando la ciudad hasta hace cuatro días.
Sea como sea, la seguridad nunca debería ser campo de batalla entre partidos porque, si hay un área donde nos la jugamos todos, es precisamente esa. Y cualquier político medianamente consciente de lo que es el servicio público debería tener esto grabado a fuego porque la crítica aquí no perjudica a un partido sino a todo un municipio.