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Adiós a la cafetería Es Pi Ver de Sant Miquel tras 33 años de trabajo

Este lunes cierra definitivamente sus puertas para dar paso a una nueva dirección con otro proyecto

El personal de Es Pi Ver, en uno de sus últimos días de trabajo. | Foto: Toni P.

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La cafetería Es Pi Ver pondrá este lunes 3 de agosto el punto final a una historia de 33 años ligada a la vida cotidiana de Sant Miquel. El establecimiento, uno de los más conocidos de la localidad, cerrará definitivamente una etapa para dar paso a una nueva dirección que asumirá el local con un proyecto renovado y nuevas iniciativas.

Con cierta melancolía, aunque también con la satisfacción del trabajo realizado, Margarita Guasch, fundadora del negocio junto a su entonces marido, Vicent Torres, resume este momento con una frase sencilla: «Los tiempos cambian». Tras unos años desvinculada de la gestión diaria del establecimiento, afronta este cierre como el final natural de una larga trayectoria. «Misión cumplida», reconoce mientras echa la vista atrás a más de tres décadas de esfuerzo, sacrificio y dedicación.

La historia de Es Pi Ver comenzó en 1992, cuando Vicent Torres, cocinero y pescadero de Sant Miquel, decidió hacer realidad el sueño de abrir su propia cafetería. Junto a Joan de Can Roques adquirió el solar sobre el que levantaron el edificio que todavía hoy alberga el negocio.

Homenaje

El nombre no fue casual. El establecimiento rindió homenaje al emblemático pino conocido como Es Pi d’en Noguera, un árbol muy querido por los vecinos que presidía aquel terreno. El edificio se construyó respetándolo, aunque años después unas obras en el alcantarillado público acabaron afectando a sus raíces hasta provocar su desaparición. Sin embargo, el recuerdo de aquel árbol ha permanecido durante más de tres décadas en el nombre de un negocio convertido en punto de encuentro para generaciones de vecinos.

Desde el primer día, Margarita Guasch compartió la aventura empresarial con Vicent Torres. «Desde el principio trabajamos mucho, pero económicamente fue muy difícil», recuerda.

Las dificultades económicas marcaron los primeros años de vida del establecimiento. «Las deudas nos tenían bastante ahogados», rememora Guasch. En 1998 decidió asumir el control del negocio y, dos años más tarde, tras la separación de la pareja, quedó al frente de Es Pi Ver en solitario.

«Si había que ir adelante, había que ir con todo», explica sobre una etapa en la que llegó a trabajar «desde las seis de la mañana hasta las 12 de la noche». «Además, tengo el problema de no saber delegar», reconoce entre risas. Aun así, asegura que nunca estuvo sola. «Siempre tuve la ayuda incondicional de mi familia, además de buenos trabajadores».

Consolidación

Durante más de dos décadas consiguió consolidar el negocio gracias al apoyo de familiares, amigos y empleados. Lo que comenzó siendo una cafetería con algunas tapas y bocadillos fue creciendo poco a poco. Los domingos, Vicent preparaba platos que terminarían convirtiéndose en una tradición, como los caracoles o el popular arròs de matances, una receta que continuó formando parte de la oferta gastronómica del establecimiento con el paso de los años.

Fue precisamente Margarita quien impulsó la ampliación de la cocina. «Había muchos trabajadores que me pedían menú, así que nos pusimos a hacerlo, sin dejar de preparar los platos combinados, las tapas y los bocadillos de siempre», explica. Aquellos menús diarios terminaron convirtiéndose en una de las señas de identidad del local, frecuentado tanto por vecinos como por trabajadores de la zona.

En el año de la pandemia, y a punto de cumplir los 65 años, Margarita decidió dar un paso al lado. «Mi hijo Vicent ya tenía un hijo y una no sabe el tiempo que estará viva», explica sobre la decisión de alquilar el negocio durante esta última etapa.

Último servicio

Ahora, cuando ese ciclo llega a su fin, también concluye definitivamente la historia de Es Pi Ver tal y como se ha conocido durante más de tres décadas. Este lunes será el último servicio del establecimiento antes de que el local inicie una nueva etapa bajo otra dirección, con nuevos responsables y un proyecto diferente.

Para Margarita Guasch supone el cierre definitivo de una parte fundamental de su vida. Un negocio que nació al amparo de un pino ya desaparecido, que sobrevivió a dificultades económicas, cambios familiares y generaciones de clientes, y que durante 33 años ha formado parte del paisaje cotidiano de Sant Miquel.

El nombre de Es Pi Ver desaparecerá de sus puertas, pero seguirá ligado a la memoria colectiva del pueblo y al recuerdo de aquel viejo Pi d’en Noguera que inspiró su nacimiento.

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9 comentarios

Amigo_de_Vicent Amigo_de_Vicent | Hace 2 meses

yatDesgraciadamente, quien viene a poner dinero para pagar el traspaso no entiende de espiritu ibicenco, a no ser que nos estemos equivocando y quien vaya a tomar las riendas del futuro negocio siga manteniendo un local de aproximacion para los que vivimos todo el año y nos gusta disfrutar de buen servicio y buen precio

yat yat | Hace 2 meses

..y traspasado a??? Tras 30 años dedicados a mamtener el "espiritu ibicenco" ojalá hayan no hayan elegido al mejor postor en €, sino al mejor postor "moral".. Sobre vender la isla al mejor postoe vean por ej sino lo q pasa cuando hasta los aytos locales subastan negocios al q mas € ofrece.. por ej en Sant Josep..ahora las concesiones de hamacas playa las tienen los beachclubs vecinos.. q sin verguenza alguna publican sus precios en sus webs.. resulta q yo, ibicenco, si quiero alquilar hamaca en zona sur de mi playa vecina..cala jondal.. tengo q pagar 10€ hamaca + 90€ servicios + 500€ consumiciòn mínima..

user Daniel atz | Hace 2 meses

Buenísimos bocatas y siempre muy amables, paraba mucho cuándo conducia por la zona. Gracias por todo

user Pep | Hace 2 meses

Algú passarà espart i colors grisos, blanc i beige. A partir d aquí, ja no es pot anar cada dia.

user Luis | Hace 2 meses

Estoy de acuerdo con los comentarios anteriores ... Pero lo cierto es que los mismos propietarios son "responsables" de estos cambios al vender los negocios. Que están en todo su derecho, pero así también se contribuye a la pérdida de identidad de los locales de siempre y de pasada de los pueblos donde se ubican. Si no hay reemplazo generacional es difícil.

user Mel | Hace 2 meses

Desde luego, una jubilación bien merecida, la hostelería, si es a nivel familiar, es muy dura, sin horarios ni fines de semana. Por otra parte, sí, coincido con los comentarios anteriores, no sé si le ocurrirá a este local en particular, pero ya tenemos experiencia en Ibiza de ver que cuando estos negocios cambian de manos, muchas veces, el "restyling" es para cambiar la decoración y esencia del local para pasar, como poco a doblar y triplicar precios. Desnaturalización de lo clásico ibicenco por la clavada en la cuenta eso sí "cool" como se dice ahora

user Sayonarababy | Hace 2 meses

A ver lo que tardan en montar un sitio pijo de 7 euros el cafetito, o el restaurante “chic” de turno. Pena de isla

user Carlos | Hace 2 meses

Nunca he ido la verdad, pero me imagino que sería típico de la zona, una pena, cada vez quedan menos, pero sino hay testigos para dejarlo es lo que hay, al final nos quedaremos con los bares con el café a 3€, o una tostada a 7€ como poco…

user Vilero | Hace 2 meses

Quina pena… Enhorabona, Marga. Sa dona més treballadora d’Eivissa!

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