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Teorías conspirativas

| Ibiza |

Hay muchos tipos de teorías para comprender mejor determinados fenómenos que nos rodean. Según su finalidad las hay descriptivas, explicativas o predictivas. Según su ámbito de aplicación hay teorías científicas, sociológicas, psicológicas, filosóficas, educativas, económicas o políticas. También las hay, entre muchas otras, empíricas, racionales, pragmáticas o constructivas, todas ellas creadas para comprender, explicar o predecir acontecimientos tendentes a procurar el mayor avance del conocimiento humano. Pero si algunas de estas teorías destacan sobre las demás son las conspirativas, término que hace referencia a las narrativas sustentadas en la ocultación o tergiversación intencionada e interesada de un acontecimiento real por parte de un grupo minoritario, poderoso y secreto que lo controla todo para esconder la verdad a la humanidad.

Las teorías de la conspiración, que han proliferado, se han instalado en nuestra sociedad e incluso cuentan con un ejército de fanáticos adeptos que se consideran privilegiados y únicos por no haber sido manipulados como el resto, se apoyan en supuestas contradicciones, aparentes conexiones lógicas que permanecen maquiavélicamente ocultas, una enorme dosis de subjetivismo en la interpretación de los hechos y una desconfianza total en las fuentes oficiales, las instituciones existentes y los medios de comunicación tradicionales, llegando a convertirse en ocasiones en un verdadero problema para una sociedad falta de conocimiento, pensamiento y discernimiento crítico. Las hay de lo más variopintas, imaginativas, descabelladas, hilarantes, sorprendentes y hasta fascinantes. Y aunque algunas han sido desacreditadas con el paso del tiempo, otras, a falta de pruebas sólidas, siguen alimentando hasta nuestros días la sospecha y el debate público.

Entre las más famosas y mediáticas se encuentra la que versa sobre que la CIA es la verdadera responsable del asesinato de Kennedy, que lo de Diana de Gales no fue un simple accidente, que las pirámides de Egipto son realmente obra de los alienígenas, como los que fueron capturados y se estudian en el Área 51 estadounidense, o que Neil Armstrong lo único que pisó fue un simple plató de televisión. También otras como las que mantienen que Hitler sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y huyó a Sudamérica, que el holocausto nunca sucedió realmente, que el hundimiento del Titanic fue intencionado, que Shakespeare no escribió algunas de sus obras, que la Tierra es realmente plana o hueca, con seres misteriosos que viven en su interior, que nos han inoculado con las vacunas del Covid microchips de rastreo que son monitorizados a través de las antenas de 5G, que lo de las Torres Gemelas se conocía y se permitió o que los Illuminati gobiernan el mundo desde las sombras. Como no, todos hemos escuchado eso de que Walt Disney está criogenizado a la espera de una cura para su enfermedad, que Elvis Presley fingió su muerte y está vivo, que Marilyn Monroe fue asesinada o que Jesucristo se casó con María Magdalena y tuvo descendencia. Eso sí es una penitencia.

Pero estas teorías pueden aparecer en cualquier momento y lugar, incluso hojeando la prensa diaria y leyendo, cariacontecido, como una asociación de un concreto espécimen de profesionales al servicio de la Administración de Justicia, desde la república independiente de su casa que decían los de Ikea, difunde un comunicado proclamando poco menos que ser víctimas de una conspiración a todos los niveles que pretende escamotear a la sociedad el conocimiento efectivo de la excelente, compleja y real labor prestada por sus asociados durante los últimos años en estas tierras ibicencas. Para ello se utilizan todas las técnicas que marca el manual del buen conspiranoico. Se comienza cuestionando la veracidad de las informaciones difundidas en un medio de comunicación local para, acto seguido, ofrecer una versión subjetiva de los hechos identificados irrefutablemente como reales y que han sido maliciosamente tergiversados para ocultar la verdad.

Sin embargo, los datos cantan por soleares. Existen actualmente 84 causas seguidas ante las plazas de las secciones de instrucción, penal, civil y violencia de genero pendientes exclusivamente de su obra y gracia. Y sí, es cierto que hay una insuficiencia estructural endémica de recursos humanos que provoca una sobrecarga de trabajo con el consiguiente retraso en la prestación del servicio. Pero cuando ese retraso se retrotrae a procedimientos de 2022, con varios recordatorios, resulta cuanto menos legítimo y hasta moral buscar otras alternativas, incluso privadas, para dar solución a esta grave situación.

Porque lo que realmente afecta directamente a la imagen, la legitimidad y el reconocimiento profesional es que tenga que recurrirse a otros profesionales, supuestamente no habilitados específicamente para ello, para que hagan un trabajo altamente especializado porque los habilitados, sencillamente, ni están ni se les espera. No es ya que sean prescindibles o sustituibles, es que simplemente no son. Que menos que, ante este panorama, se busquen soluciones imaginativas y efectivas muy diferentes a la de permanecer de brazos cruzados emitiendo proclamas que no palian para los ciudadanos las severas consecuencias derivadas de esta tormenta perfecta.

Así que ya saben. Recuerden bien todos esos conocimientos científicos especializados, metodologías técnicas específicas y criterios deontológicos, porque los van a necesitar cuando estén cara a cara con aquellos ciudadanos que han sido víctimas de violencia de género, de abusos sexuales o que necesitan una respuesta rápida en materia de capacidad o familia y que llevan años esperando la prestación de su actividad profesional para poder superar el calvario que les atormenta. A ver si ellos y sus familias entienden todo ese rollo del rigor, la calidad y la independencia técnica, los estándares científicos, metodológicos y éticos, el respeto a las competencias propias para la fiabilidad, validez y utilidad jurídica de las conclusiones alcanzadas y demás mamandurrias. Si de verdad les interesaran tanto los derechos fundamentales de las personas y la calidad del sistema público de justicia deberían arremangarse y ponerse a pencar como hacen muchos de sus ilustres compañeros a los que algunos acusan injustamente de tiranos. ¡Ah!, y ya que estamos, a ver si nos pueden confirmar que Elvis está en Graceland vivo y coleando.

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