1976 en el calendario gregoriano, 1425 en el armenio, 5736 en el hebreo, 1354 en el persa y 1396 en el musulmán, fue un año bisiesto que comenzó un jueves y terminó un viernes, que inició el último cuarto del siglo XX y cuyos dígitos suman 23, como los dedos de las manos y de los pies. En ese año, el del dragón para los chinos, se fundó por Steve Jobs la compañía Apple, se publicó la revista Interviú, con sus escándalos y destapes, se comercializó el vídeo VHS, con aquellas cintas que todavía conservamos en nuestras polvorientas estanterías, y tuvieron lugar los primeros vuelos comerciales del Concorde. También durante aquel año se celebraron los Juegos Olímpicos de Montreal, donde se coronó como perfecta la gimnasta rumana Nadia Comaneci, mismo año en que la sonda espacial Viking 1 de la NASA logró el aterrizaje en la superficie de Marte, enviando las primeras imágenes del planeta rojo.
Por aquel entonces, mientras los Estados Unidos celebraban el bicentenario de su declaración de independencia, en los cines se proyectaba Taxi Driver, Carrie, La profecía, La fuga de Logan o Todos los hombres del presidente. Pero la que más éxito alcanzó fue Rocky, aquella mítica historia de superación de un humilde boxeador de Filadelfia, interpretado por Sylvester Stallone, que entrenaba al ritmo de Eye of the Tiger y que obtuvo el Óscar a la mejor película. Aquel año el Atlético de Madrid se proclamó campeón de Copa, el Real Madrid de Liga, el Bayern de Múnich de Europa y todo ello mientras Ángel Nieto conquistaba su quinto título de campeón mundial de 50 centímetros cúbicos. Aunque, sin duda, lo más célebre fue la victoria de la selección de fútbol de Checoslovaquia en la Eurocopa, con el mítico gol de penalti de Panenka.
También fue un año de grandes cambios políticos a nivel mundial, pues mientras el planeta bailaba al ritmo del grupo sueco ABBA y Queen lanzaba su icónica canción Bohemian Rhapsody, se producía un golpe de Estado en Argentina que derrocaba a la presidenta Isabel Martínez Perón, dando inicio a una de las dictaduras más sanguinarias de la historia, el longevo dictador Fidel Castro llegaba a la presidencia de Cuba y fallecía Mao Zedong, líder fundador de la República Popular China. Tampoco fue tranquilo en nuestro país, donde tuvo lugar la masacre de Vitoria, con cinco obreros muertos y más de un centenar de heridos; se consumó la retirada de España del Sáhara Occidental, última colonia del imperio que fue, y se dieron los primeros pasos de la Transición tras la muerte de Franco, nombrando como presidente del Gobierno a Adolfo Suárez, amnistiando a más de 500 presos políticos y aprobando la ley que propició las posteriores elecciones democráticas.
Ese año se publicaron novelas como Entrevista con el vampiro, de Anne Rice, o Raíces, de Alex Haley, y cuando en la televisión se emitían series como Los Ángeles de Charlie, Curro Jiménez, Starsky y Hutch o Yo, Claudio, junto a producciones para los más pequeños de la casa como Los teleñecos o Marco, nacían actrices patrias de la talla de Paz Vega o Elsa Pataky, cantantes como David Muñoz, el del medio de Estopa, o grandes leyendas balompédicas como David Beckham, Ronaldo Nazario o Francesco Totti. Pero también lo hicieron más de 121 millones de personas en todo el mundo, de los que 677.456 lo hicieron en España y que cumplirán medio siglo durante este 2026. Entre ellos se encuentran amigos y vecinos como Pepe Verdera, Toni Rosselló, Mabel Navarro, Vicky Riera, Cris Novella, Nieves Lacoba, Esther Bustamante, Ana Cardona o, sin ir más lejos, servidor. Todos le damos la vuelta al jamón o, al menos, a lo que resta de él, porque tiene pinta de haber pasado ya más ayeres que mañanas quedan. La vida se evapora. Mal lío.
No hay nada malo en cumplir 50. Bueno, salvo que te lo recuerden todo el rato. Porque cuando alguien nos dice lo jóvenes que estamos no es más que una forma de restregarnos vilmente que somos viejos. Vaya, que justo nos dicen lo bien que nos ven cuando ya no vemos bien. Incluso hay quien piensa que la vida comienza a los cincuenta. Sí, comienza, pero más bien a caerse todo. Y es que ya decía Quevedo que «todos anhelamos llegar a viejos y todos negamos que ya hemos llegado». Al final esto es como la vieja teoría del espejo cóncavo, en el que cada uno elige el reflejo que más le conviene. Porque es cierto que podríamos gritar con orgullo, tomando prestado el título de la película protagonizada por el mítico Paco Martínez Soria, eso de que «estoy hecho un chaval». Pero no se engañen, no es así. Como decía George Orwell, «a los cincuenta cada uno tiene la cara que se merece». También podríamos usar para mitigar nuestro enorme pesar la motivadora frase de azucarillo de que uno no envejece, sino que se hace vintage. Pero tampoco se equivoquen. No se trata más que de una triste excusa para mitigar evidencias como la de que «de los cincuenta para arriba no te mojes la barriga», «a partir de los cincuenta de la bragueta no hagas cuentas», «a los cincuenta el mal del mes ya no lo ves» o la demoledora y real «a la vejez se acorta el dormir y se alarga el gruñir». Qué gran verdad.
Pues nada, que nos tendremos que conformar con pensar que, como Víctor Hugo, si los cuarenta son la vejez de la juventud, los cincuenta son la juventud de la vejez. Ya ven, el que no se consuela es porque no quiere. Eso sí, peor lo tienen todos aquellos a los que la vida les privó de llegar hasta aquí. Justo es recordarlos en esta efeméride. Vaya por ellos nuestra celebración sin olvidar que, como decía Bernard Shaw, «solo un loco celebra que cumple años».
¡Felicidades, cincuentones!