Los obispos de Menorca y Eivissa, el menorquín Gerard Villalonga y el ibicenco Vicent Ribas respectivamente, aparecen en los pronósticos para los nombramientos, cambios y relevos que, después de la visita de León XIV, vuelve a gestionar el nuncio Piero Pioppo para diez diócesis de España.
No solo están en las estimaciones, vaticinios y artículos periodísticos, porque Villalonga y Ribas ya forman parte de alguna de las ternas que con carácter confidencial, a través de las famosas consultas sub secreto pontificio, ha elaborado Pioppo desde que tomó posesión en diciembre pasado.
El nuncio recaba la opinión, de forma secreta, de otros prelados, presbíteros y laicos de las diócesis con sede vacante. Este proceso concluye con la positio, informe sobre los candidatos, que es valorado en Roma por el Dicasterio para los Obispos, la congregación vaticana que lleva a cabo la selección antes de su aprobación por el papa. El prefecto del dicasterio es el arzobispo italiano Filippo Iannone, que relevó al cardenal Robert Prevost como León XIV.
Hay cuatro diócesis en sede vacante: Astorga, Teruel y Albarracín, Osma-Soria y Cádiz y Ceuta. Y otras seis con obispo ‘caducado’, o sea, que a pesar de haber cumplido 75 años continúan como emérito en funciones. Son el cardenal Juan José Omella en Barcelona, José María Yanguas en Cuenca, Sebastià Taltavull en Mallorca, José Manuel Lorca Planes en Cartagena, Salvador Cristau en Terrassa, y Casimiro López Llorente en Segorbe-Castellón.
Empieza, en el episcopado español, un tiempo de designaciones y carambolas, con el arzobispo de Sevilla, Saiz Meneses, a Barcelona, y el de Toledo, Cerro Chaves, a la sede hispalense. La condición de catalanoparlantes será decisiva para decidir el futuro de Gerard Villalonga y Vicent Ribas.