Quienes seguís nuestra trayectoria sabéis que no hemos escatimado críticas, y seguimos sin escatimar, al Consell d’Eivissa cuando las circunstancias lo han requerido. Durante años estamos exigiendo inversiones que tardan en llegar, medidas contra los olores que se postergan, y una gestión del vertedero de Ca na Putxa que en demasiadas ocasiones ha estado por debajo de lo que este paraíso se merece. Precisamente por eso, cuando el Consell acierta, tenemos la obligación de decirlo con la misma claridad.
Y en este caso, el Consell acierta.
La disyuntiva real
Ya está en marcha el procedimiento para la redacción del nuevo Plan Director Sectorial de Prevención y Gestión de Residuos de Eivissa (PDSPIGRE), que para todos lo entendamos, es la biblia de la gestión de la basura en Ibiza. Sobre la mesa hay esencialmente dos opciones: una solución es la de construir una incineradora en la isla. La otra es la de utilizar la planta de tratamiento y generación eléctrica de Son Reus, en Palma, instalación concebida desde su origen como solución regional y gestionada por dos de las compañías más especializadas del mundo en valorización energética de residuos.
Ante esta disyuntiva, el Consell d’Eivissa ha decidido hacer lo que cualquier administración responsable debería hacer antes de comprometer 200 millones de euros de dinero público: estudiar si la solución regional ya existente es viable.
La prueba piloto de traslado de rechazos a Son Reus, que debe comenzar en los próximos días, tiene exactamente ese propósito: verificar la logística, medir los costes reales y evaluar si esta alternativa puede convertirse en la solución definitiva.
Ah, y sabiendo que, in fine, el coste del traslado lo debe asumir por ley el Estado, las administraciones deben buscar esta solución, sin titubear, para aliviar los bolsillos de los contribuyentes, con un traslado subvencionado que será infinitamente más barato que tener pagar la construcción de una incineradora en Ibiza.
Hoy Ibiza y Formentera generan alrededor de 150.000 toneladas de residuos de las que 86.000 terminan en el contenedor gris. Pero ese dato hay que leerlo en su contexto: estamos ante una isla con una estacionalidad brutal, donde la mayor parte de esa producción se concentra en los meses de verano. Y la tendencia, con una recogida selectiva creciente y las políticas de reducción de residuos que ya están en marcha, apunta a que en un horizonte no lejano —en torno a 2030— el volumen de rechazo podría reducirse a 30.000/ 40-000 toneladas anuales o menos, distribuidas además de forma muy desigual entre verano e invierno. Si se cumplen, eso sí, las normativas europeas, estatales y baleares, que obligan a ello. Y de hecho, la Comisión Europea ha abierto un expediente de sanción a España, entre otros países, con lo cuál va a ser inevitable la reducción de los desechos, al tener que aumentar el reciclaje y reducir la generación de residuos.
Con esos números, construir una incineradora propia en Ibiza no es solo un dispendio económico desproporcionado, es un absurdo técnico y social. Una instalación de esascaracterísticas requiere un volumen mínimo y constante de residuos para funcionar de forma eficiente y rentable, lo cual desincentiva la reducción y el reciclaje.
Lo que defendemos
La Plataforma Hay Soluciones para el Vertedero de Ibiza lleva años trabajando por tres objetivos que no hemos abandonado ni un solo día: en primer lugar, eliminar los impactos del vertedero sobre la salud y la calidad de vida de los vecinos, y en segundo lugar, impulsar la reducción y la recogida selectiva, para lo que trabajamos de manera activa desde Plastic Free: Alianza Residuo Cero Eivissa y Formentera.
Nuestro tercer objetivo es evitar que se construya una incineradora desde la sinrazón de la utilidad. Y la prueba piloto del Consell avanza en esa dirección. Por eso la apoyamos. No porque hayamos cambiado de postura, sino porque en esta ocasión coincide con la razón.
El sentido común no tiene ideología. Y cuando la administración lo practica, merece reconocimiento.