Estas últimas semanas hay un tema que, si bien no es ni mucho menos nuevo, está recuperando mucho protagonismo en círculos de debate social y político, me refiero al depósito y eliminación de la basura en nuestra isla. El período de validez del actual vertedero o deposito controlado de Ca na Putxa está en su recta final y por tanto ya no hay más tiempo para decidir qué hacer definitivamente para salir de semejante atolladero. Los técnicos por un lado y los políticos por el otro, mantienen diversas opiniones sobre cuál es la mejor opción en cuanto a lo que resulta más conveniente.
Pero sin entrar ahora mismo en cuál pueda ser la mejor opción de futuro, lo cierto es que a día de hoy el gran tema de debate es todo lo que gira alrededor del «plan piloto» para el traslado de basura desde el vertedero de nuestra isla, hasta la planta incineradora de la empresa Tirme en Son Reus, Palma.
El punto de la polémica no es otro que el acuerdo alcanzado entre el Consell d’Eivissa y el de Mallorca para el traslado de la basura de la isla pitiusa a la mayor de las islas de Baleares, debido al inminente agotamiento de la vida útil de nuestro vertedero de Ca na Putxa. El coste del traslado lo asume nuestro Consell, mientras que el de Mallorca, por permitir que nuestros residuos se quemen en su planta de Son Reus, recibirá una compensación de 50 millones de euros que aportará el Govern Balear en diez años; vamos que claramente se trata de un acuerdo económico por el que el ejecutivo mallorquín obtiene un claro beneficio y en ningún caso es un acuerdo altruista producto de un simple ánimo de ayuda entre islas.
Dicho acuerdo entre los dos consells y con una importante aportación económica por parte del Govern, ha desatado una visceral reacción contra el mismo, por parte de diversos estamentos sociales, ecologistas y políticos de Mallorca. Hasta 17 entidades vecinales y ecologistas de esa isla, se han unido en una plataforma para oponerse al traslado de los residuos de nuestra isla a la suya. A todas esas entidades y a sus aireadas protestas, se han unido los partidos Més per Mallorca y Psib-Psoe. Todos ellos argumentan para oponerse a dicho traslado unos supuestos problemas de carácter ambiental y de seguridad en el proceso.
La radicalidad en los posicionamientos por parte de algunos de los elementos que vienen protestando, no sorprenden demasiado ya que solo defienden un supuesto perjuicio particular al encontrarse en el trayecto que deben recorrer los camiones cargados con dichos residuos desde el puerto hasta la planta de Son Reus. Sin embargo resulta paradójico el posicionamiento en contra de los partidos políticos antes citados.
Quisiera recordar un eslogan, «Quatre illes, un país, cap frontera» creado por el primer gobierno del «Pacte de Progrés» presidido por Xisco Antich y del que formaban parte los dos partidos que ahora se rebelan ante el acuerdo para incinerar los residuos de Eivissa en la planta de Son Reus.
Dicho eslogan y otros como el de 2018 «Sentir-se més a prop no depèn de la distancia, depèn de les persones», el de 2019 «El dia de tothom» o el de 2020 «La unió comenca amb tu»; todos ellos pretendían y siguen pretendiendo cada año ensalzar un supuesto sentimiento balear que ciertamente suele estar más bien desaparecido o directamente es inexistente. En otros escritos hablando de dicha celebración del 1 de marzo, ya he dejado constancia de que las celebraciones de ese día tienen un marcado color político y que se alejan mucho del sentimiento real que se percibe en cada isla.
Resulta difícil explicar que quienes propugnan que hay que fomentar el sentimiento de unidad entre las cuatro islas, que no debemos ser como reinos de taifas haciendo cada isla la guerra por su cuenta; sean los mismos que en cuanto se propone un acuerdo de colaboración concreto entre dos islas, protesten públicamente afirmando que la isla Mallorca sale perjudicada. ¿Dónde queda el espíritu de colaboración entre islas?
Lo cierto es que como viene siendo habitual, resulta muy difícil despertar un sentimiento de ayuda y colaboración entre ciudadanos de la misma comunidad autónoma, si solo se siguen mirando y priorizando los intereses de Mallorca, en detrimento de los del resto de islas. Pero esta actitud de rechazo al traslado y tratamiento de los residuos de Eivissa a Son Reus, resulta todavía más llamativa si tenemos en cuenta que dicha planta está infrautilizada, ya que no está funcionando al 100% de su capacidad.
Esta actitud de la sociedad mallorquina y de los partidos progresistas, no es más que un agravio más a la sociedad pitiusa, que desde hace años viene demostrando lo que es la colaboración entre islas, ya que al vertedero de Ca na Putxa en Eivissa, se vienen trasladando los residuos de Formentera y ello no ha supuesto un cisma entre las dos islas. De basura ni hablamos, en cambio bien que reciben con los brazos abiertos lo que se recauda en las Pitiusas cada año por el canon de agua. Un poco más de respeto para las denominadas islas menores.