AENA no se caracteriza precisamente por su transparencia. Su comunicación con frecuencia resulta mejorable y, cuando surgen dudas sobre alguno de sus proyectos, no siempre las despeja con la rapidez que cabría esperar. La desconfianza de la ciudadanía con AENA es muy lícita. Pero no debemos sustituir los hechos por la imaginación, como se ha hecho estos días de forma sonrojante.
La Asociación Empresarial de Ocio Nocturno de Ibiza (AEON), presidida por Pepe Roselló, ha denunciado que AENA proyecta una macrodiscoteca en el aeropuerto de Ibiza. Lo han deducido al ver que algún domingo un DJ pincha música en la zona del duty free.
Si un DJ pone música un domingo, es evidente que el siguiente paso será construir una macrodiscoteca. Del mismo modo, el otro día vi a dos señores caminando por la terminal con unos palos de golf. No hace falta ser Sherlock Holmes para concluir que AENA está proyectando un macrocampo de golf de dieciocho hoyos entre ses Salines y la pista de aterrizaje, acompañado naturalmente de un macrohotel de lujo con vistas privilegiadas.
Además, vi a muchos viajeros en chanclas. Blanco y en botella. El aeropuerto contará próximamente con un parque acuático de dimensiones colosales, dotado de piscinas de olas, toboganes de cien metros y un río lento que desembocará directamente en la zona de recogida de equipajes.
Según fuentes de AEON confirmadas por AENA, se construirá un teleférico hasta Sa Talaia de Sant Josep, donde se levantará un megamirador panorámico con cafetería giratoria para contemplar simultáneamente Formentera, Es Vedrà y las colas para acceder al aeródromo. Si aparecen unos ciclistas por la terminal, no descarten que AEON un velódromo olímpico que se llamará Ibiza Arena. Si ven alguien con una raqueta, probablemente anuncien Wimbledon Ibiza Airport Edition.
Resulta preocupante que una miniorganización con la trayectoria de AEON haya optado por recorrer ese camino, dilapidando la poca credibilidad que pudiera tener y triturando alegremente la de sus pocos asociados. Y más preocupante aún que su presidente, Pepe Roselló, haya contribuido a alimentar una hipótesis de la que no se ha aportado una sola evidencia documental.
Pero mucho peor es el papel de los medios de comunicación, que han difundido tan delirante denuncia sin exigir las pruebas mínimas que reclamaríamos para cualquier otra información. El periodismo no consiste en reproducir cualquier comunicado difundido por una micropatronal de nueve asociados —la comparsa va menguando— que dice hablar en nombre del sector del ocio nocturno. Después de esto, cero credibilidad.
De seguir aceptando el método deductivo de Pepe Roselló, cualquier día descubriremos que AENA prepara un megapuerto deportivo en la pista 24, un macroobservatorio espacial en la torre de control y una jumboestación de esquí junto a los mostradores de facturación. El límite es su megaimaginación y su macroafán de salir en las noticias.