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Un solo beneficiario

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Entre la gran cantidad de conceptos y cuestiones que pueden incidir directa o indirectamente en lo que se conoce como «masificación turística» cobran especial relevancia los cruceros que nos visitan cada verano. Este es un tema que cada año, coincidiendo con la llegada del periodo estival, resurge en los diversos medios de comunicación. Hay toda una variedad de opiniones en cuanto al beneficio que la isla obtiene con el atraque en nuestro puerto de esos cruceros.

Lo cierto es que la visita de estos a nuestra isla ha cambiado sustancialmente en las dos últimas décadas, tanto en el tratamiento que desde la administración se les prestaba como en los servicios que se ofrecían entonces y los que se ofrecen hoy a los mismos, que ya son clara y radicalmente distintos. Antes de la construcción del dique de Botafoc, esos cruceros no podían entrar en el antiguo puerto, con lo que debían permanecer fondeados frente a nuestras costas y los pasajeros desembarcaban en la isla a través del servicio de lanchas del propio crucero. Por aquel entonces, esas embarcaciones cargadas de turistas, que desembarcaban en algún punto del puerto frente a la zona de La Marina, hacían que todo ese barrio de Vila y las zonas aledañas se llenaran de visitantes procedentes del crucero, lo que servía en cierto modo para revitalizar y mantener una mayor actividad comercial y turística en dicha zona.

Pero a partir de la necesaria ampliación y remodelación del puerto y con la construcción del nuevo dique de Botafoc, todo cambió. Ese dique y los nuevos pantalanes permitieron que los cruceros ya pudieran atracar en los nuevos muelles de nuestro puerto y, desde entonces hasta hoy, todo lo relacionado con los cruceros que nos visitan ha cambiado radicalmente. Por supuesto, el número de ellos que llegan a nuestra isla se ha incrementado sustancialmente, pero el cambio no se queda solo en ello; todo lo que gira alrededor de dichos barcos es, a día de hoy, muy distinto.

Lo cierto es que, si nos atenemos a diversas informaciones que han ido surgiendo en las últimas temporadas veraniegas, lo que antes y principalmente, en opinión del sector turístico y comercial de La Marina y todo su entorno, venía siendo como una especie de maná para todos ellos, a día de hoy se ha dado la vuelta como se hace con las tortillas y todas esas opiniones favorables se están reconvirtiendo en críticas. La coincidencia de dos y hasta tres cruceros en un mismo día, cosa que ya está pasando y que seguirá ocurriendo según la programación prevista para el mes de agosto, se está convirtiendo en una fuente continua de problemas, básicamente de carácter logístico y de movilidad y con relación directa con otras situaciones problemáticas que nos afectan como isla.

En este mes hay previstas 34 escalas de cruceros en la isla. La cantidad de visitantes que pueden poner sobre la misma es de casi 112.000 pasajeros. Sinceramente, y a pesar de que puedan existir unos acuerdos establecidos en cuanto a la recepción de este tipo de turismo, no parece que los límites establecidos estén arrojando los resultados deseables y, por tanto, deberían ser revisados a fondo y adaptados a la realidad social, turística y territorial de Eivissa. Sin lugar a dudas, la cantidad de problemas que aporta este tipo de turismo es muy superior al hipotético beneficio que pueda dejar en la isla. Un grave problema de movilidad se detecta fácilmente nada más atracar el crucero y en cuanto empiezan a descender pasajeros del mismo. Se acumulan ingentes cantidades de turistas esperando un taxi, que por cierto escasea; también faltan autobuses y los que hay suelen ir hasta la bandera y más; los pasajeros invaden espacios y zonas de trabajo en el área portuaria, con el grave peligro que ello conlleva y las esperas a pleno sol y con temperaturas que pueden superar los 35 grados están a la orden del día.

Otro detalle a resaltar es el rendimiento económico que comercios de todo tipo de la zona que antes se beneficiaba de la llegada de esos pasajeros obtienen a día de hoy. Las quejas son mayoritarias y denuncian que la capacidad de gasto que tienen esos pasajeros hoy es casi inexistente. Afirman que mucho pasear y mirar, pero que a comprar no entra prácticamente ninguno. Por lo tanto, este es un turismo que ya no tiene el interés que podía tener antes y son los propios pasajeros los que afirman que ya les va bien consumir una triste hamburguesa en cualquier establecimiento de comida rápida y barata. Hay que resaltar también el destrozo que esos cruceros hacen en la reserva hídrica de la isla, o el brutal consumo de energía eléctrica que los mismos necesitan atracados en el puerto; coincidiendo, como ocurre este verano, con que hay continuos cortes de electricidad en diversos puntos de la isla, que Endesa atribuye a un exceso de demanda de energía.

Está muy claro con todo ello que la única entidad que obtiene enormes beneficios de la estancia de esos cruceros es la Autoridad Portuaria de Baleares, en cuyo consejo de administración son mayoría los cargos nombrados por el Govern. Nuestro puerto no puede seguir siendo su caja registradora.

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