Cuando hablamos de identidad de Ibiza solemos pensar en nuestra lengua, nuestro patrimonio, nuestras tradiciones o nuestro paisaje. Sin embargo, existe otro elemento menos conocido, pero igualmente valioso: nuestro Derecho civil propio.
Durante siglos, generaciones de ibicencos y formenterenses han regulado sus relaciones familiares mediante instituciones propias como los espòlits, el escreix, el usufructo universal capitular o l’acolliment en la quarta part dels milloraments. No son simples curiosidades históricas. Son la expresión jurídica de una forma propia de entender la familia, el patrimonio y la solidaridad entre generaciones.
Por eso merece ser destacado el extraordinario trabajo desarrollado por el Consell Assessor de Dret Civil propi d’Eivissa i Formentera y por el Consell Assessor de Dret Civil de les Illes Balears. Tras años de estudio y de un intenso trabajo técnico, el Anteproyecto de Ley del Régimen Patrimonial del Matrimonio incorpora por primera vez un Título III específico para Ibiza y Formentera, que recoge, desarrolla y sistematiza nuestras principales instituciones jurídicas. Se trata, sin duda, de un hito para el Derecho civil pitiuso.
Este avance tampoco ha sido fruto de la casualidad. Desde el Consell Insular d’Eivissa asumimos el compromiso de impulsar este proceso desde el primer momento, constituyendo el Consell Assessor de Dret Civil propi y trabajando codo con codo con magistrados, notarios, registradores, abogados, profesores universitarios y demás operadores jurídicos para que la voz de Ibiza estuviera presente en la futura ley. Hoy podemos afirmar con satisfacción que ese esfuerzo colectivo ha dado sus frutos: las propuestas formuladas desde las Pitiusas han sido escuchadas e incorporadas al texto. Es un ejemplo de lo que puede conseguir un gobierno insular que cree en su identidad y trabaja para defenderla.
Y lo más importante es que no hablamos de un debate reservado a especialistas. Hablamos de cuestiones que afectan directamente a la vida cotidiana de muchas familias. Que quien ha dedicado años al cuidado del hogar y de los hijos no quede desprotegido económicamente tras una ruptura. Que quien ha trabajado durante años en el pequeño negocio familiar sin una retribución adecuada pueda obtener una compensación. Que el cónyuge viudo no pueda verse obligado a abandonar su casa inmediatamente después del fallecimiento de su pareja y conserve, además, los bienes domésticos necesarios para continuar su vida con normalidad.
También hablamos de preservar instituciones que forman parte de nuestra identidad jurídica. Los tradicionales espòlits seguirán permitiendo a las familias ibicencas ordenar libremente su patrimonio conforme a nuestro Derecho propio, incorporando figuras como el usufructo universal capitular, mediante el cual un cónyuge puede garantizar que el superviviente disfrute de todo el patrimonio familiar durante su vida, aunque la propiedad corresponda ya a los hijos, o l’acolliment en la quarta part dels milloraments, una institución exclusivamente pitiusa que permite pactar que uno de los cónyuges participe en una cuarta parte de las mejoras patrimoniales obtenidas durante el matrimonio, manteniendo al mismo tiempo nuestro tradicional régimen de separación de bienes.
No se trata de crear privilegios ni de recuperar instituciones del pasado por un mero afán romántico. Se trata de actualizar herramientas jurídicas que durante siglos han servido para proteger a la parte más vulnerable de la familia, garantizar la continuidad del patrimonio familiar y ofrecer soluciones adaptadas a nuestra realidad social. En definitiva, se trata de conservar nuestra tradición jurídica dotándola de la seguridad y claridad que exige el siglo XXI.
En un mundo cada vez más uniforme, defender nuestro Derecho civil propio es también defender nuestra personalidad como pueblo. La Constitución reconoce a los territorios con Derecho civil propio la capacidad de conservarlo, modificarlo y desarrollarlo. Nuestra obligación es ejercer esa competencia con responsabilidad, manteniendo vivas aquellas instituciones que forman parte de nuestra historia y que siguen ofreciendo respuestas útiles a los problemas actuales.
Ibiza no solo quiere preservar su identidad cultural. También quiere preservar su identidad jurídica. Y pocas cosas representan mejor el autogobierno que ser capaces de mantener vivo nuestro propio Derecho, adaptándolo a la realidad actual sin perder su esencia.
Después de muchos años de trabajo, sería imperdonable dejar pasar esta oportunidad. El Parlament de les Illes Balears tiene ahora la responsabilidad de culminar una reforma largamente esperada que refuerza la identidad jurídica de Ibiza y Formentera, protege mejor a las familias pitiusas y aporta mayor seguridad jurídica. Hago un llamamiento a todos los grupos parlamentarios para que aparquen las diferencias y hagan posible su aprobación antes de que concluya la legislatura. Nuestro Derecho civil propio no pertenece a ningún partido político; pertenece a todos los ibicencos y formenterenses. Aprobar esta ley con un amplio consenso sería el mejor reconocimiento al extraordinario trabajo realizado por el Consell Assessor de Dret Civil propi d’Eivissa i Formentera y por el Consell Assessor de Dret Civil de les Illes Balears, y una muestra de que sabemos defender aquello que nos hace únicos también desde el punto de vista jurídico.
Si diu que "nuestra lengua" és un dels trets essencials de la "identidad dd Ibiza" per què no s'aplica la lliçó i escriu en català? Com a vicepresident del Consell no és gaire coherent amb l'exercici del seu càrrec. Primer error: deixar de banda la llengua pròpia. La frase "la forma ibicenca de entender la familia" traspua ideologia essencialista ultraconservadora. Limiti's a l'adaptació al món del segle XXI de les regulacions patrimonials en el matrimoni i no ens endossi la seva concepció decimonònica de la família. Una concepció liberal del dret i no una concepció al servei de la ideologia altright com sembla defensar el seu article. Miri. Diu que no es tracta de "un mero afán romántico". Completament d"acord. Però desprès parla de la «personalidad como pueblo», de no perdre «nuestra esencia» i d’allò que «nos hace únicos». És a dir: nega el romanticisme mitjançant un vocabulari completament romàntic. Invoca el poble, l’essència, la tradició i la singularitat. Se li veu el llautó altright a un quilòmetre de distància. Segon error: no entendre la pluralitat del segle XXI i tenir una concepció estreta i essencialista de la tradició jurídica. El problema és que es vol apropiar de manera partidista d'un treball que duu en marxa des de fa 30 anys per experts que, per sort, no són parridistes com vostè. I busquen un consens ampli. Perquè el dret propi és de tots i totes els eivissencs i eivissenques i no del polític de torn que ara es pretén posar la medalla. Tercer error.