Durante muchos años pensamos que el futuro de Ibiza pasaba por recibir menos turistas, pero que gasten más. Menos cantidad y más calidad. Menos presión sobre el territorio y mayor rentabilidad. Pues bien, los datos de este verano empiezan a dibujar precisamente ese escenario. Entre mayo y julio se contabilizaron en Ibiza 4,11 millones de pernoctaciones hoteleras, casi un 3 por ciento menos que en 2025 y cerca de un 4 por ciento menos que en 2017. Hay que remontarse 10 años para encontrar cifras similares. Mientras tanto, el gasto turístico durante el segundo trimestre alcanzó los 1.121 millones de euros, un 8,3 por ciento más que el año pasado. Durante mucho tiempo se identificó el éxito turístico con batir récords de llegadas, pasajeros, ocupación y pernoctaciones. Pero descubrimos que aquel crecimiento permanente tenía consecuencias negativas: carreteras saturadas, playas abarrotadas, problemas de movilidad, presión sobre los recursos y un creciente malestar entre los residentes. Entonces apareció el nuevo mantra: no necesitamos más turistas, sino mejores turistas. Visitantes con mayor capacidad adquisitiva, que gasten más y ejerzan menos presión sobre el territorio. Los datos actuales apuntan precisamente en esa dirección. En junio, por ejemplo, el gasto diario por turista en Ibiza y Formentera alcanzó los 249,51 euros, un 7,7 por ciento más que un año antes, pese al descenso de visitantes. Pero la situación actual también tiene inconvenientes porque el turismo de alto poder adquisitivo puede dejar mucho dinero en determinados establecimientos pero bastante menos en el pequeño comercio o la restauración tradicional. La cuestión no es si vienen más o menos turistas que en 2017. Es cuánto valor económico generan, cuánto empleo sostiene, cómo se distribuye esa riqueza y qué coste social y territorial soporta Ibiza a cambio.
Opinión
Menos noches, más gasto
Joan Miquel Perpinyà | Ibiza |
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