Ses Figueretes. 12.30 horas del viernes 14 de agosto. La playa urbana del centro de la ciudad de Ibiza está casi vacía. Hace muchísimo calor y eso podría explicar la escena. Sin embargo, otros veranos ha hecho también muchísimo calor y ses Figueretes ha sido uno de los centros turísticos más activos de la capital isleña. En el barrio, las explicaciones son variadas pero todas coinciden en apuntar hacia el cambio de modelo turístico que está experimentando la isla.
Este cambio, tal y como vienen denunciando desde otros sectores, está perjudicando especialmente a los negocios enfocados al turismo de clase media. Y es que ese sería el segmento que podría haber dejado de mirar Ibiza como un destino deseable. Desde hace un par de años han saltado las alarmas con respecto al descenso del turismo familiar, que engloba a esa clase media que hasta ahora sostenía a numerosos negocios en la isla. El turismo de lujo no tiene el paseo de ses Figueretes como escenario. Tampoco barrios como el de La Marina. Y el atraído por el ocio nocturno no parece especialmente interesado en estas zonas salvo para dormir.
Claudia Reina, propietaria de Haddock Restaurant, lleva tres décadas trabajando a pie de playa en ses Figueretes. «Llevo aquí 30 años y es la primera vez que la situación es tan grave», asegura, «va fatal desde el principio de la temporada. Puede que sean las olas de calor y el Mundial. Pero, en mi opinión, lo que realmente está pasando es que la masificación y los precios han hecho que la gente no venga. Prefieren ir a otros destinos que son también muy bonitos pero más baratos».
Esta restauradora, que considera que las administraciones cargan demasiado contra los empresarios, tienen claro que «el turista es el jefe y hay que cuidarlo». Y así se lo traslada a sus trabajadores cada temporada. Pero también tiene claro que esos mismos trabajadores se ven muy afectados por problemas como la grave crisis de la vivienda: «Son jóvenes que están compartiendo habitación por 800 euros al mes. O, incluso, pagando por camas calientes. Es difícil que luego trabajen con ganas cuando ni siquiera han podido dormir en condiciones. Duermen mal y trabajan mal. Y eso al final se traslada al turista».
«Descontrol de precios»
Reina cree que la vivienda es una de las mejores muestras del «descontrol de precios» y por ello se muestra partidaria de legislar al respecto. Y augura: «Si seguimos así, Ibiza se va a perder. Vendrá una elite pero pequeños negocios como el mío se perderán. Yo estoy en la capital, en primera línea de playa y mira cómo está de vacío. El gobierno debería actuar porque la masificación y los precios han hecho que la gente se vaya».
Pedro Sellés tiene un puesto de artesanía y joyas en el Mercadillo de ses Figueretes. Trabaja en varios mercados de la isla y asegura que en todos se detecta el mismo problema: «Hay un cambio de modelo. Tienes un turismo más joven que viene menos tiempo y a pegarse la fiesta. Se está perdiendo el turismo familiar, que es el que hace paseítos y visitas a mercadillos. Nosotros somos un gasto extraordinario porque el turista paga antes el alojamiento y la comida. Esto es el capricho que queda en último lugar».
Para Sellés, es innegable que el calor y el Mundial tienen peso en la crisis que parece vivir la Figueretes turística pero considera más determinante que «Ibiza se ha enfocado en un turismo de fiesta y de hiperlujo». «Son turistas que van de la villa o del hotel de lujo al beach club y de ahí a la discoteca», asegura, «no pisan la calle apenas. Tampoco lo hace el que viene a pegarse la fiesta. Los hoteles han subido mucho los precios y la gente ha pasado de venir una semana a tres días. Y el turista viene, se lleva el zapatazo y no vuelve. Es verdad que la isla es una marca con un tirón brutal todavía y que mucha gente quiere venir pero, el que viene, se va a escaldado».
En Ibiza Sundeck, también a pie de playa, las cosas no van mucho mejor. Apenas entran clientes en el negocio que se salva porque trabaja también online. Rocco Urgese asegura que «la playa está así de vacía desde abril» y añade que «no hay el boom de siempre». En su opinión, el cambio de modelo pasa también porque los turistas «ya no buscan solo playa y fiesta sino que quieren experiencias». «La situación es rara», añade, «tienes también el cambio que se está haciendo hacia el lujo, que está muy bien porque viene gente con más dinero. Es decir, tienes más gasto pero menos turista».
Urgese, sin embargo, pone el dedo en la llaga al señalar que esta reducción en el número de turistas no es tan positiva como a priori podría pensarse: «Tres o cuatro ricos pueden gastar lo mismo que 100 personas. Uno puede pagar 25.000 euros por el VIP de una discoteca. Pero la pista de baile está vacía. Y esa gente que ha pagado los 25.000 euros no tienen ante quien lucirse. Además, la fiesta nocturna ya no es lo de antes, cuando lo que triunfaba era la energía. Hoy tienes un DJ, mucho efecto óptico y gente con móviles».
En un supermercado del barrio que también vende souvenirs, explican, por el contrario, que no han notado un descenso de actividad, a pesar de que la playa está casi vacía. Aseguran que el negocio, en su caso, depende de los hoteles de la zona y que estos trabajan estos días a pleno rendimiento. «Los hoteles de la zona tienen la misma capacidad de estos últimos años», afirman, «y nosotros trabajamos igual». Y recuerdan una obviedad: «Las discotecas atraen a turismo joven durante el verano y, fuera de esos meses, el turismo familiar es mayoritario. Es así en toda la isla».
«Menos gente y menos ventas»
En otro souvenir situación en la avenida de España, Diego García se expresa en sentido contrario. «Con respecto al año pasado, sí que ha bajado la actividad. El año pasado vendimos bastante más que este. Hay menos gente y menos ventas», asegura, «creo que el problema está en la subida de precios en toda la isla. Y también que los turistas vienen solo para tres días. Además, en ses Figueretes el turista principal es el que va a las discotecas. Y es un turista que está como mucho esos tres días.
García asegura que muchos de sus clientes se quejan este verano de los precios e insiste en que el problema de ses Figueretes ahora mismo está precisamente en eso, en unos precios que están convirtiendo el barrio en inasequible para el turismo de clase media.
En este paseo por ses Figueretes, solo un joven afirma que todo va bien en este extraño verano. Se llama Camilo Osorio y trabaja en un supermercado de la zona. Cuenta que no ha visto una bajada de clientes y asegura que «hay mucha gente, sobre todo familias y grupos de amigos jóvenes que vienen a disfrutar». Y explica él mismo por qué su visión es distinta a la de los demás: «Es que llevo solo un mes aquí y no puedo comparar».
En esa playa te roban hasta el bañador cuando estas nadando, por eso va poca gente, no especulen con ridículas teorías conspiratorias de ricos y pobres. Solo tienen que hacer la prueba y caerán en el motivo de porque hay sitio de sobra.