El ser humano, por lo general, sabe distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. No hace falta estudiar Derecho para comprender que robar, agredir o conducir poniendo en peligro a los demás es algo malo que debe evitarse. Es una combinación de educación, sentido común e instinto de supervivencia que nos permite conducirnos por la vida de forma razonable. Existe otro instinto primario: cuando uno hace algo que sabe que no debería hacer porque está prohibido, procura que no le vean. Si uno vulnera la Ley a conciencia, suele ocultarlo. Hasta que llegaron las redes sociales. La Guardia Civil de Tráfico ha denunciado en Ibiza a varios conductores que aparecían en vídeos difundidos en internet realizando maniobras peligrosas e infracciones graves. Adelantamientos en línea continua, situaciones de riesgo con vehículos circulando en sentido contrario y otras temeridades. Lo llamativo del caso es que eran ellos mismos quienes facilitaban las pruebas para ser localizados. Se ve que ahora no basta con hacer el imbécil; hay que grabarlo y exhibirlo. Se desactiva así el elemental instinto de ocultación. El infractor no huye de las cámaras, sino que es él quien las pone. Comete la infracción, la graba, edita el vídeo y lo publica para que otros contemplen su hazaña. Suerte que entre ellos puede estar la Guardia Civil. Los agentes de Tráfico también patrullan en las redes sociales. Pero lo fascinante sigue siendo el mecanismo mental: cometer una ilegalidad y fabricar uno mismo la prueba audiovisual que servirá para identificarte. Recordarán el caso de la ‘manada de Pamplona’ que grabaron una agresión sexual grupal y la compartieron en un grupo de whatsapp, para que todos comprobaran su nivel de crueldad y perversión. Alardeaban de ellas. Se puede no tener ética ni moral, pero nadie es tan estúpido de apedrear su propio tejado. Bueno, en internet se ve que sí.
Opinión
Alardear de estupidez
Joan Miquel Perpinyà | Ibiza |
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