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Opinión

De los huevos al bazooka

| Ibiza |

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Qué hacer con las lanchas que fondean junto a la costa y atruenan al vecindario con música espantosa a un volumen insultante? Tal vez un certero lanzamiento de huevos sería la primera opción. En otra época de las corsarias Pitiusas se les habría incendiado la cubierta con frascos de fuego (algo que el rumor popular cuenta que pasó con un barco cargado de cabrones en la costa de Caló des Moro hace pocos años, tras no dejar descansar al turbulento Portmany durante varios días con sus noches).

La cuestión es que la tolerancia tiene un límite; aceptar abusos y grosería es cobardía, así que hay que defenderse. Los seres humanos, como las lagartijas y la posidonia, también necesitan protección. Pero si no existe un plan oficial para frenar a tanto gañán náutico y las zodiacs del Govern, que multan al que roza algas con la cadena del ancla, se desentienden a la hora de llamar la atención a la discoteca flotante, pues la Ley Payesa debe extenderse al mar.

El efecto contagio de las autorizadas party boats (llevan décadas jodiendo la armonía marina), de tanta horterada beach-club o terraza hotelera con decibelios monstruosos, de tanto patrón prostituido que permite a sus clientes pinchar ritmos a un volumen que jode los nervios de las casas o bañistas a la vista, es una extensión de la mala educación que amenaza peligrosamente la convivencia.

Sí, unos huevos lanzados a tiempo pueden poner en desbandada a los capullos sin respeto. Los corsos ya habrían empleado un bazooka. En las tolerantes y festivas Pitiusas es cuestión de tiempo. Vive y deja vivir, pero no des el coñazo.

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