«No bebas tanto, que te pones borrosa». La ministra de vivienda se viene a Ibiza para anunciar que las casas de protección oficial serán para todos los habitantes de España, nada de prioridad para los pitiusos que comparten familiarmente una hamaca por horas. ¡Qué hermosura de delirium tremens! Ya intuimos dónde proyectan alojar a los invasores de Ceuta, a los miles de desesperados llegados en patera express a Baleares, que la ingeniería social sanchista marcha cual Titanic entre icebergs, cubitos de hielo para el whisky del Falcon.
¿Y Aena? ¡Ah, pero cuanta transparencia y sentido común! El que presume de mejor aeropuerto de España, cuyos baños sostenibles son un primor que alimenta fecalmente a los flamencos de Salinas, cuyas reformas se extienden sobre el tiempo cual inacabada obra faraónica para hacer el viaje más complicado, que anuncia en carteles a las nuevas deidades pinchadiscos como la exclusiva cultura de la polis más antigua de Baleares… ¡Tres mil años de refinada civilización para llegar a la entronización de semejantes macarras!
Cuestión de hacer caja, de traer más millones de pasajeros a un macroaeropuerto, que pasarán un par de noches (bolsillos y tímpanos tienen límite) no para danzar sino para hacerse fotos en la macrodiscoteca de turno, acorralados. ¡Pero bailar espontáneamente en la naturaleza está prohibido, que la peña ya tiene miedo hasta de celebrar un cumpleaños so pena que les acusen de fiesta ilegal! La geografía pitiusa, divinamente pulida a la medida del hombre, se modifica con la proyectada masificación para todo el año. Son los planes macro para una isla micro, como si estuviéramos en Dubai, to buy or not to buy. Planes delirantes que demuestran el despotismo nada ilustrado del todo para los ibicencos, pero sin los ibicencos.