Hay que reconocerlo: Sánchez es un maestro. Tal vez no de la gestión pública, pero sí del engaño y el trilerismo. Nos promete «a legislatura de la vivienda» con 267.000 nuevos hogares y resulta que en ocho años a la única que le han puesto un piso es a la prostituta de Ábalos. Tras el desalojo de una anciana en Madrid ordenado por el Tribunal Supremo, Sánchez elabora dos decretos infumables que ponían patas arriba el mercado del alquiler para echar la culpa de todos los males a la oposición. La realidad es que Maricarmen ha estado pagando una renta antigua gracias a una Ley de Franco, la ha echado una Ley del PSOE del 1994 pero la culpa es de Feijóo y Abascal. La sobreactuación de la izquierda se entendería si no llevaran ocho años gobernando. Ahora llaman a la movilización ¿contra ellos mismos? Los sindicatos de inquilinas reclaman alquileres indefinidos, suspensión de desahucios y dos huevos duros. Sólo falta que el propietario les tenga que pedir perdón y gracias.
Los decretos que no han sido convalidados en el Congreso no se los creía ni el propio Sánchez. Basta recordar los mensajes entre el presidente y el otrora todopoderoso Ábalos en los que Sánchez le decía que «no cediera» con el tope de los alquileres o le decía que las medidas contra los desahucios eran «un negociazo para los okupas». Por eso llama la atención que ahora Sánchez nos pretenda sermonear sobre lo que ni él mismo se cree.
El narciso monclovita ha echado números y ha entendido que este era el revulsivo que necesitaba para adelantar elecciones o por lo menos ha tirado el globo sonda. En tres meses de invasión en Ceuta Sánchez sólo fue capaz de hacer una playlist, pero en cinco días ha sido capaz de aprobar dos decretos de vivienda condenados al fracaso. Prioridades.