Javier Soto nace en Hondarribia (Guipúzcoa) el 2 de mayo de 1977 pero criado en Segovia desde los 5 años. Su sordera de nacimiento le impidió desarrollar el lenguaje como cualquier otra persona. Sin embargo este impedimento no frenó que a los 12 años esté participando en 5 deportes escolares: futbol, atletismo, baloncesto, tenis y natación. A partir de los 18 años, y ante la imposibilidad de compaginar todos los deportes con su formación, empezó a entrenar exclusivamente en atletismo con el entrenador segoviano Isaac Sastre. Desde entonces, en su trayectoria profesional ha conquistado 4 medallas en los Juegos Sordolímpicos, 2 medallas en Campeonatos del Mundo, 6 medallas en Campeonatos de Europa al aire libre, 6 medallas en campeonatos de Europa en Pista Cubierta y 4 medallas en Campeonatos de Europa de Cross, entre muchos otras.
Ahora, con el deporte de competición algo más en segundo plano, se dedica a la docencia, pues es profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), pero también a la divulgación del deporte adaptado a lo largo de todo el territorio nacional. Bajo esta premisa ha visitado en los últimos días centros educativos de la isla de Ibiza, como el Ies Algarb y el Mare de Déu de les Neus, y este jueves viaja a Formentera para transmitir los valores y la importancia del deporte adaptado a los más jóvenes de las Pitiusas. Lo hace acompañado de su intérprete de referencia, Chema Criado. Entre medias, ha atendido a Periódico de Ibiza y Formentera.
—¿Cómo empieza a introducirse en el mundo del deporte?
—En parte para buscar esa sensación de protagonismo, porque muchas veces en el colegio me sentía muy solo por esa dificultad en la comunicación cuando no había esos profesores de apoyo. A mis padres les dije todo lo que quería hacer por las tardes, y mi padre me llevaba a todos los entrenamientos y competiciones. Tuve que buscar un equilibrio con los estudios, pero terminé llegando al nivel profesional de atletismo. Había un momento en que sentía que había conseguido todo lo que quería: campeón del mundo, medallas... no necesitaba seguir ganando más, y busqué nuevos caminos. Me ofrecieron una beca predoctoral, comencé a investigar y a publicar artículos, y ahora ya soy doctor.
—¿Se encontró con un entorno adaptado, o tuvo muchos obstáculos en ese proceso?
—En mi época no había ningún tipo de adaptación, de hecho tengo historias para aburrir. En una competición de 400 metros estaba yo en la calle 8 y, pensando que ya habían dado la salida, porque había visto algo, salí. A los 200 metros noté algo raro porque nadie adelantaba, el público me hacía gestos. Resulta que habían dado salida nula, y yo no me había enterado, claro. Eso es un buen ejemplo de la falta de adaptación a la persona sorda. Como estas, tengo muchas más anécdotas, y yo lo que quiero es evitar que estas se vuelvan a repetir.
—¿Un niño o una niña que empezara ahora se encontraría con menos dificultades que con las que se encontró usted?
—Sin duda, comparándolo se nota mucho, gracias tanto a la tecnología como al profesorado, que se va adaptando. Está mucho mejor ahora. Para mí la etapa universitaria también fue muy complicada.
—A nivel deportivo ha logrado grandes resultados, pero en muchas ocasiones seguramente no ha logrado la visibilidad que merecería. ¿Qué se puede hacer al respecto?
—Hay personas que han hecho esfuerzos, por ejemplo, aquí mismo, Pep Ribas me ofreció el dorsal número 1 en la milla profesional, y ese es un buen ejercicio para visibilizar a atletas como yo. Sin embargo, en algunas carreras me decían que me iban a pagar menos en comparación con un atleta sin discapacidad, mi representante entonces se enfadaba mucho y decidíamos no ir a esas carreras. Es una discriminación total.
—¿Se siente respaldado en su carrera, tanto deportiva como académicamente?
—Gracias al CEDI -Centro de Estudios Sobre Deporte Inclusivo - he tenido la oportunidad de acceder a ciertos recursos. En la Universidad Politécnica de Madrid y en la Universidad Autónoma de Madrid me han facilitado una serie de herramientas. A nivel deportivo, las ayudas no son suficientes. Son ayudas para prácticas, pero no son suficiente para vivir.
Gran parte de su divulgación es posible, en parte, gracias a la labor de Chema Criado como intérprete. Su labor es muy compleja, y buena prueba de ello es que en las labores de interpretación estos suelen sustituirse en turnos de entre 20 y 30 minutos, dado lo extenuante que puede llegar a resultar. Señala Chema que él «parte con ventaja», en referencia a que sus dos padres son sordos de nacimiento, por lo cual para él esta labor le viene desde pequeño. Sin embargo, Javier Soto es capaz de ofrecer sus ponencias y clases en la Universidad sin necesidad de intérprete cuando estas son con pocos alumnos.