El barrio de Can Boned, en Sant Antoni, estrenó este sábado su primer mercadillo de segunda mano en el espacio exterior junto al polideportivo. La iniciativa reunió a un nutrido grupo de paradistas y a decenas de vecinos que se acercaron durante la mañana para curiosear entre puestos marcados por la variedad y los precios asequibles.
La mayoría de las paradas estaban dedicadas a la ropa de segunda mano, aunque no faltaron antigüedades, objetos de decoración, libros, calzado y pequeños tesoros rescatados del olvido. Un auténtico escaparate de oportunidades para quienes creen en la reutilización y en las segundas vidas de los objetos.
Anabel era una de las vendedoras participantes en esta primera edición. Lo hizo acompañada de sus padres, Ignacio y Rosario, y de su marido, Eloy. «Vamos a todos los mercadillos que podemos. Hemos estado tres veces en el de Jesús y también en el de Es Canar», explica. Reconoce, sin embargo, que acceder a otros como el de Sant Jordi no siempre es fácil: «Es muy difícil poder entrar: hay mucha gente y pocas plazas que se acaban enseguida».
Foto: Toni P.
En su puesto se mezclaban lámparas, espejos, juguetes y una larga lista de artículos que incluía incluso teléfonos antiguos. Ignacio detalla el origen de muchos de esos objetos: «Yo trabajo haciendo reformas y mi hija hace limpiezas. A ambos nos ofrecen mucho material que se va a tirar y que aprovechamos para traer a los mercadillos, aparte de cosas nuestras de las que nos queremos deshacer». Para la familia, más allá del posible ingreso económico, se trata sobre todo de «un hobby» y de una manera de dar salida a objetos que aún pueden tener utilidad.
En el otro extremo del recinto, Naty ofrecía un abanico igualmente diverso: una tetera, zapatos, botas, gorras o libros, entre otros artículos. «Son cosas mías y de mis amigas que ya no utilizamos y a las que queremos dar una nueva vida», explica. Resume la filosofía del mercado en una expresión que repite con entusiasmo: «Si yo tengo algo que ya no quiero y hay una persona que sí lo quiere y lo puede conseguir barato, todos felices: es un ‘win win’». A esa dinámica la llama «el círculo del buen rollo».
«Nos encanta lucir los modelitos que compramos en los mercadillos y presumir de que no nos han costado más de dos euros».
En ese círculo entraba Tamara, rebuscando entre las perchas. «¿Cuánto por esta camisa?», preguntaba. «Dos euros», respondía Naty. «Con esta preciosa camisa ya llevo gastados 20 euros. Me he comprado un par de pañuelos para el cuello, un conjunto de camisa y pantalón, otro pantalón largo y una sudadera», detallaba mientras ajustaba cuentas. Naty asentía: «Nos encanta lucir los modelitos que compramos en los mercadillos y presumir de que no nos han costado más de dos euros».
Junto a ella, Mariola examinaba una chaqueta mientras hacía balance de sus primeras adquisiciones: «Me he gastado siete euros en tres macetas y otros siete en un par de rebecas monísimas, más lo que me gaste en otras cosas que vaya encontrando». Además de las compras, destacaba el ambiente: «Este mercadillo está genial y, además, hay música en directo. No me lo esperaba».
La combinación de precios populares, reutilización y ambiente distendido marcó el estreno de este mercadillo en Can Boned, que aspira a consolidarse como un nuevo punto de encuentro vecinal en Sant Antoni, donde la economía circular se vive con naturalidad y, sobre todo, con buen rollo.