El músico ibicenco Carlos Vesperinas presentó este lunes en el auditorio de Can Ventosa su primer álbum, Aragón 80, en un concierto concebido como grabación en directo del disco ante el público de la isla. La cita, organizada por la productora cultural Eivissa Escènica, supuso la puesta de largo de un proyecto íntimo y conceptual que gira en torno a la memoria y la evocación de la infancia.
Vesperinas lideró la velada al frente de un piano vertical preparado con fieltro, una técnica que modifica el timbre del instrumento. «Es importante el uso de un piano vertical para poder ponerle un fieltro, una sordina que se le pone con la que conseguimos un sonido más tapado», explicó el músico sobre la elección de este recurso, que aporta una sonoridad más íntima y amortiguada, en coherencia con el carácter introspectivo del repertorio.
La presentación contó con un cuidado acompañamiento instrumental que amplió la paleta tímbrica del piano: las violinistas Marta Peño y Lídia Sierra, Cristina Santos a la viola, Llorenç Rosal al violonchelo, Samuel Pérez a los teclados y sintetizadores, y Joan Carles Marí a la percusión. El resultado fue una textura camerística con incursiones contemporáneas, donde la cuerda dialogó con atmósferas electrónicas sutiles y patrones rítmicos contenidos.
Aragón 80 se articula como una obra conceptual centrada en la infancia. «El álbum gira en torno a la infancia, concretamente a la mía pero también es extrapolable a la infancia de cualquier otra persona», señaló Vesperinas. El compositor subraya que no se trata de música infantil: «Se trata de evocar la infancia a través de distintos tintes y recuerdos propios con movimientos cortos con los que pretendo evocar sensaciones concretas, desde cosas más contemplativas hasta otras más divertidas».
La estructura del disco responde a esa intención evocadora. Consta de siete temas —«aunque dos de ellos van enlazados, por lo que puede parecer que son cinco»— que funcionan como pequeñas escenas sonoras, casi estampas emocionales. «Para mí la infancia es una época en la que todo ocurre por primera vez, donde todo te sorprende y las sensaciones están más que amplificadas», afirmó el artista, incidiendo en esa dimensión de descubrimiento que atraviesa la obra.
El álbum adopta además una forma epistolar. «El disco está escrito a modo de carta en homenaje a mi padre, que era cartero y es a quien va dedicado el disco. Por eso el subtítulo del disco es ‘una carta a la infancia’», explicó. La metáfora postal no solo articula el concepto, sino que introduce una capa autobiográfica que dota al proyecto de un marcado carácter personal sin renunciar a su vocación universal.
El concierto se abrió con -iendo, uno de los temas que Vesperinas ya había publicado previamente en plataformas digitales, antes de dar paso a la interpretación íntegra del nuevo repertorio. Tras completar los cortes de Aragón 80, la formación regresó con otras composiciones originales de Vesperinas como Beaming pórtals, La trampa del waltz, Rahol o LND, cerrando una velada que combinó delicadeza, experimentación y una cuidada construcción narrativa.