El Hospital Can Misses ha puesto en marcha nuevas medidas de seguridad tras la agresión sexual sufrida por una paciente ingresada durante la madrugada del pasado lunes, un suceso que ha generado una fuerte conmoción social en Ibiza y ha reabierto el debate sobre la protección en las instalaciones sanitarias públicas. El Área de Salud de las Pitiusas ha confirmado a Periódico de Ibiza y Formentera que ya se han activado varias actuaciones para reforzar el control de accesos y la vigilancia dentro del centro hospitalario, además de evaluar nuevas medidas para evitar que un episodio similar vuelva a producirse. Entre las decisiones adoptadas destaca la implantación de un nuevo sistema de acceso mediante tarjeta identificativa en todas las entradas al hospital que no son públicas. Con esta medida se pretende restringir y controlar de manera más estricta el movimiento de personas en zonas internas del edificio. Asimismo, se ha reducido el horario de acceso por la puerta principal del hospital. Hasta ahora, la entrada permanecía abierta hasta las 23 horas, pero desde esta semana cerrará a las 22 horas. Paralelamente, el refuerzo de celadores en el mostrador del vestíbulo principal también se ampliará hasta esa misma hora, cuando anteriormente finalizaba a las 21.30 horas.
Otra de las medidas anunciadas es el adelanto del refuerzo estival de seguridad previsto para Can Misses. El incremento de personal de vigilancia, que inicialmente debía comenzar en julio coincidiendo con la temporada alta turística, se iniciará finalmente en mayo. Además, la dirección del centro sanitario está estudiando ampliar durante todo el año la plantilla de seguridad privada del hospital, una posibilidad que todavía se encuentra en fase de evaluación. Desde el Área de Salud han reconocido que el incidente obliga a revisar los protocolos actuales pese a que, según explican, el presunto agresor tuvo que forzar dos puertas de seguridad para acceder y abandonar el edificio. «Nos vemos obligados a revisar la seguridad. Ya se han puesto en marcha estas medidas y se evalúan otras para que un incidente así no vuelva a suceder», han señalado. Junto a los cambios físicos y organizativos, el hospital también ha impulsado campañas internas de comunicación dirigidas a los trabajadores para recordar la importancia del uso de las tarjetas identificativas y fomentar la implicación del personal en la detección de situaciones sospechosas o personas ajenas al centro. La iniciativa lleva por lema «Eres los ojos de nuestros pacientes» y busca reforzar la vigilancia colectiva dentro de las instalaciones hospitalarias.
Asociaciones
El suceso ha provocado una intensa reacción entre colectivos feministas y asociaciones sociales de Ibiza, que han reclamado tanto un refuerzo de la seguridad como una reflexión más profunda sobre la violencia machista. Desde la Comissió 8M han advertido de que lo ocurrido demuestra que «no hay lugares más seguros que otros» para las mujeres y que la violencia sexual «puede ocurrir en cualquier espacio». El colectivo considera necesario reforzar las medidas de seguridad en Can Misses, no solo por esta agresión, sino también por cuestiones relacionadas con la intimidad de los pacientes, la seguridad de las trabajadoras y la prevención de robos. Sin embargo, sostienen que el problema de fondo va más allá de los controles de acceso.
«La cuestión es que vivimos en una sociedad donde la cultura de la violación está establecida y legitimada. Mientras eso no se afronte, las medidas de seguridad seguirán siendo insuficientes», señalaron desde la plataforma feminista. La Comissió 8M también ha calificado de «inaceptable» que una persona pudiera acceder al hospital, forzar puertas y cometer una agresión sexual dentro de una institución pública sanitaria. En términos similares se expresó la asociación Nybia, que ha lamentado el impacto emocional que este caso ha generado entre muchas mujeres. «Ni siquiera en un hospital. Ni siquiera enferma. Ni siquiera vulnerable», han señalado desde la entidad. La asociación considera que lo ocurrido en Can Misses supone «la ruptura absoluta de cualquier sensación básica de seguridad», al tratarse de un espacio que debería representar precisamente protección y cuidados. «Siempre nos enseñaron a tener miedo. A vigilar. A no volver solas. A mirar atrás al caminar. Pero ahora, ¿también tenemos que tener miedo en un hospital?», han cuestionado.
Por su parte, desde el Consell d’Eivissa han explicado que, debido a la delicada situación de la víctima y al hecho de que permanece hospitalizada, se ha optado por mantener la máxima discreción sobre el caso. No obstante, han confirmado que desde el primer momento se pusieron a disposición del hospital todos los servicios especializados de atención a víctimas de violencia sexual. «Ofrecimos todos los recursos disponibles a nivel de bienestar social para la atención de este tipo de casos», han señalado, recordando que la investigación sigue en manos de la Policía Nacional. Cabe recordar que la agresión se produjo alrededor de las tres de la madrugada del pasado lunes, cuando una paciente ingresada en el Hospital Can Misses sufrió una presunta agresión sexual. Según confirmaron fuentes de la Policía Nacional, el detenido es un hombre ajeno al centro hospitalario que habría accedido hasta la planta donde se encontraba la víctima tras forzar una de las puertas del recinto. La Sección de Violencia sobre la Mujer del Tribunal de Instancia de Ibiza, plaza número 2, acordó posteriormente el ingreso en prisión provisional comunicada y sin fianza para el detenido. El Tribunal Superior de Justicia de las Illes Balears (TSJB) informó además de que el juez le ha impuesto una orden de alejamiento y la prohibición de comunicarse con la víctima.
Efectivamente pagarán los residentes, eso ya nos lo sabemos. Que tal y como están montadas las cosas, el sistema es garantista con el delincuente, que tiene derechos, y por contra penaliza a quienes trabajamos y no tenemos problemas con la justicia, está más que claro. Ahora bien, con la de gentuza, yonkis, delincuentes varios, y demás que están o han estado de "residentes" en los alrededores del hospital, el poner este dispositivo de seguridad con tal de salvaguardar a los más débiles, que son quienes están ingresados, es un mal menor. Nunca de la vida tuvo que haberse permitido en los alrededores de una infraestructura crítica y fundamental como es un hospital, que se hubiera montado todo el estercolero que se montó de caravaneros, yonkis, traficantes y delincuentes varios. Es de juzgado de guardia, y es producto de la cobardía y de no coger el toro por los cuernos.