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Hipódromo de Sant Rafel: «Lo que funciona es lo ibicenco»

El Hipódromo de Sant Rafel mantiene viva la tradición del trote y la cocina en Ibiza

El equipo del bar del Hipódromo de Sant Rafel. | Foto: Toni P.

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E l 29 de abril de 1984 tuvo lugar la inauguración del Hipódromo de Sant Rafel, en un evento que reunió a un gran número de aficionados a los trotones. Una afición que durante décadas estuvo profundamente arraigada en la cultura popular ibicenca y que se ha ido diluyendo a lo largo de las más de cuatro décadas de historia de este recinto. Sin embargo, la pasión por los trotones sigue viva, con el Hipódromo de Sant Rafel como epicentro de quienes mantienen este deporte en Ibiza.

Una de las familias vinculadas desde siempre al mundo del trote es la formada por Juan Cívico y Antònia Riera, quienes inculcaron esta afición a sus hijos, Aitor, Carme y Marta, así como a sus nietos, Xicu y Marc. «Antes de este hipódromo estaban el de Can Bufí y el de Sant Jordi, del que recuerdo el primer día de carreras. La cola de coches aparcados llegaba casi hasta Sant Francesc», explica Antònia sobre aquellos recintos que antaño acogían las competiciones.

Gestión

Tras su inauguración en 1984, el hipódromo de Sant Rafel estuvo gestionado por sus fundadores, Vicent Ferrer y Toni Bonet ‘Besora’, hasta principios de los años noventa. «Entonces empezaron a llevarlo unos madrileños, que fueron quienes abrieron el restaurante», explica Antònia, quien recuerda que durante aquella etapa «se hacía todo a lo grande, aunque duró poco tiempo».

Los fundadores volvieron a hacerse cargo del recinto durante unos años hasta la llegada de una nueva gestión, encabezada por el empresario ruso Michel Litvak, que supuso «una nueva etapa de esplendor» para el hipódromo. Jaume, otro gran aficionado a los trotones que vivió de cerca aquella época, asegura que «la intención que tenían era entrar en el circuito de apuestas francés, la PMU». Para ello, esta nueva dirección volvió a invertir grandes cantidades de dinero en las instalaciones. «Se llegaban a pagar más de 100.000 pesetas por apuesta», recuerda. «Funcionaba muy bien, había una media de 800 o 900 personas en cada carrera y se hacían dos a la semana», añade.

Además, asegura que la clientela de entonces «era de la jet set». «Venían actores de Hollywood como Tony Curtis o Steven Seagal, estrellas del rock como Bon Jovi, Simon & Garfunkel o The Beach Boys, así como gente influyente como Smilja, que organizaba aquí la moda Adlib». Sobre el restaurante, Jaume recuerda que «había cocineros con estrellas Michelin al mismo tiempo que cocineros ibicencos encargados de las barbacoas, que tenían muchísimo éxito».

Afición

Tras el paso de la gestión rusa, que duró algo más de dos años, Vicent Ferrer y Toni Bonet recuperaron nuevamente las riendas del hipódromo hasta su adquisición por parte del Consell d’Eivissa con la llegada del siglo XXI. «Toda la gente del mundo del trote estamos muy agradecidos al Consell por su implicación», aseguran Antònia y su hijo Aitor. «Nos están ayudando mucho, sobre todo últimamente: han puesto una rueda para los caballos y una pista de salto en el centro. Además, están construyendo el centro cultural de Ses Nou Rodades, que es todo un acierto».

Desde entonces, las carreras se celebran semanalmente cada domingo al mediodía durante el invierno y los sábados por la noche en verano «para que los caballos no sufran las altas temperaturas».

Felipe y Adrián representan dos generaciones muy distintas de apasionados por el trote y ambos reconocen el declive de la afición. También coinciden en las dificultades económicas que supone mantener este deporte. Felipe, el más veterano, asegura que «solo es viable si tienes tiempo para cuidar tú mismo del caballo; si necesitas a alguien que se ocupe, es una ruina». Por su parte, Adrián considera que «las apuestas son las que suelen sostener los hipódromos en todo el mundo, pero en Ibiza no se hacen. Aquí es afición pura y dura». Mientras, Jaume sentencia que «el mundo del trote en Ibiza lo sostienen alrededor de 30 familias, no hay más».

Cocina

El restaurante del hipódromo también ha atravesado distintas etapas a lo largo de las últimas décadas. «Ha habido épocas en las que solo se mantenía el bar y otras en las que el negocio ha ido pasando por distintas manos», explica Antònia. Toni y Carmen fueron los últimos responsables del restaurante hasta el pasado mes de abril, cuando Antònia y su hijo Aitor decidieron dar el salto desde sus anteriores profesiones —ella en una perfumería del aeropuerto y él como taxista— para hacerse cargo del establecimiento que, de una forma u otra, siempre había formado parte de sus vidas.

«Yo empecé a trabajar como cocinera con Carmen y Toni cuando terminaba la temporada en el aeropuerto y me gustó tanto que decidí dedicarme exclusivamente a esto. La mala suerte fue que, cuando dejé el trabajo del aeropuerto, ellos decidieron dejar el negocio», explica Antònia sobre el momento que les llevó a tomar la decisión. «Siempre me ha gustado la cocina; lo aprendí todo de mi madre».

De esta manera, Antònia y Aitor pasaron de «ser clientes de toda la vida del restaurante a llevarlo nosotros mismos con la ayuda de Emma y Carmen».

Con la experiencia acumulada tras años viendo funcionar el restaurante, madre e hijo tienen claro que «lo que funciona es lo ibicenco». Por ello, además de mantener viva la afición por los trotones, también se han propuesto apostar por una oferta basada en la cocina tradicional de la isla. «Hacemos sofrit pagès, paellas, frita de porc, frita de pollastre o arròs de matances», explica Riera.

Los precios que mantiene la nueva gestión también son ajustados: 12,50 euros entre semana y 25 euros los fines de semana, cuando «hacemos sofrit pagès, paellas o fideuá», además de contar con una extensa carta. «Nuestra intención es conservar el trote y la cocina ibicenca», insisten Antònia y Aitor, quienes mantienen abierta la cocina hasta las 16.30 horas de martes a jueves —descansan los lunes— y hasta las 23 horas de viernes a domingo.

El carácter familiar del negocio también queda patente en el espacio reservado para los niños dentro del restaurante «para que las familias puedan estar aquí tranquilas». Además, las instalaciones cuentan con una amplia sala de eventos destinada a todo tipo de celebraciones.

En cuanto a la clientela, Antònia asegura que «un 80 % es gente trabajadora que viene entre semana a comer el menú, además de la gente del hipódromo y, cada vez más, gente de Ibiza». En este punto, Aitor lamenta que «hay mucha gente de Ibiza que ni siquiera sabe que existe el hipódromo».

1 comentario

user JOAN ROTES | Hace 41 minutos

Muchos ibicencos desconocen la existencia del hipodromo porque nunca han hecho publicidad.Y dependiendo del Consell no me explico la razon.

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