Este fin de semana dejó en Ibiza una de esas historias que condensan, en apenas unas horas, el espíritu más auténtico de la isla. El protagonista es Jochem Maes, un belga de 43 años que lleva dos décadas regresando fielmente a la isla y que este domingo sumó un nuevo capítulo, probablemente el más singular, a su vínculo con Ibiza.
Maes se ha puesto en contacto con Periódico de Ibiza y Formentera para explicar su curiosa historia. Este belga de 43 años vino este fin de semana a Ibiza para participar este sábado por la mañana en la media maratón, completando los 21 kilómetros en un meritorio tiempo de 1:41. Sin embargo, lo verdaderamente memorable no ocurrió durante la carrera sino justo después, cuando siguió un ritual que repite desde hace años: acudir a su bar de referencia en la ciudad de Ibiza, el TiraPallá.
«Vine por primera vez en 2006 con mi amigo Joris, que me llevó a tomar algo al Tirapallá», recuerda. Aquel primer contacto marcó el inicio de una relación duradera: «El ambiente me enamoró enseguida; allí no había turistas, solo gente española, gente de aquí». Desde entonces, sus visitas a la isla han estado inevitablemente ligadas a ese pequeño local junto al Mercat Vell. «He vuelto muchas veces a Ibiza desde entonces y siempre que he podido he vuelto siempre al Tirapallá».
Lo que podría parecer una simple fidelidad de cliente es, en realidad, una historia de perseverancia con un objetivo muy concreto: conseguir una camiseta del bar, decorada con su característico gato. Durante años, la respuesta fue siempre la misma. «El año pasado, en septiembre, me acerqué a pedirles una camiseta con el gato que tienen en el logo, pero me dieron una pegatina», explica.
Lejos de resignarse, Maes decidió dar un paso más allá. «Quería hacerme un tatuaje con algo de Ibiza, pero no con las típicas cerezas o con el colibrí y decidí hacerme el gato del Tirapallá». Así, lo que comenzó como una negativa recurrente acabó transformándose hace unos meses en una declaración permanente de afecto hacia el local.
La escena culminante tuvo lugar este fin de semana. «Este sábado mismo fui a tomarme una cerveza sin alcohol –hace 20 años me tomaba cañas [risas]– y volví a pedir una camiseta». De nuevo, la respuesta fue la habitual: otra pegatina. Fue entonces cuando Maes decidió mostrar su carta definitiva. «Cuando me volvieron a ofrecer una pegatina les dije que ya tengo una permanente de por vida [risas]».
El gesto, inesperado y contundente, dejó sin palabras al propietario del establecimiento. Ante la evidencia (un tatuaje del logo en la pierna), no dudó en inmortalizar el momento y, esta vez sí, hacer entrega de la ansiada camiseta.
Más allá de la anécdota, la historia resume una forma de entender Ibiza que escapa de los clichés turísticos. «El local continúa con el mismo ambiente de siempre, estás en un lugar inigualable donde todos se conocen», afirma Maes. Y quizá sea precisamente esa autenticidad, la que no se puede comprar ni fabricar, la que convierte gestos como este en algo más que una curiosidad: en una pequeña celebración de la memoria, la constancia y el arraigo emocional a un lugar.
Jaja pero que tonto que eres Maes, y que arrastrado. Les pides una camiseta, te regalan pegatinas y tú vas y te hacen un tatuaje. Serás el típico que cuando tu novia te pone los cuernos con otro tu vas y encima les pones la cama. Eres un macho beta de libro. En cuanto al Tirapallá, estaba bien en los años 90, cuando era un local fresco y original. Hace años que dejo de serlo y ahora es un bareto más. Yo dejé de ir sobre el 2003.