Ya en el interior de la casa, Don Álvaro, el párroco de Santa Gertrudis y Sant Miquel, y después de la oración pertinente, introduce el isopo, traído desde Polonia, en una mezcla de sal y agua preparada previamente. Con ello, bendice las diferentes partes del hogar y recupera así una de las tradiciones propias de la isla, la conocida como Salpassa, una bendición de las viviendas muy arraigada en la Ibiza tradicional, que pasó a ser residual o prácticamente inexistente desde hace ya décadas y que ahora el obispo de Ibiza y Formentera, Vicent Ribas, está tratando de recuperar.
Carmen, la dueña de la vivienda que fue bendecida este juieves, todavía recuerda cuando, de niña, su cada recibía visitas muy similares a la que ese mismo día experimenta. Recuerda que se hacían durante el Tiempo Pascual, y recuerda bien, puesto que era en esos 50 días de pascua cuando el párroco, a solas o acompañado de algún monaguillo, en tiempo de Pascua, recorría las casas de las diferentes vendas de su parroquia, dejando un poco de agua bendita y sal en el umbral interior de la puerta principal de la casa.
Tal y como relata la Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera era costumbre que el párroco fuera acompañado por el obrero de la venda, puesto que muchas a veces era fora poble y no conocía todas las casas o los caminos. Sin embargo, y adaptándose a los tiempos modernos, ahora Don Álvaro realiza su camino por las viviendas en solitario.
Al no ser originario de la isla, no conocía esta tradición cuando el obispo se la trasladó tanto a él como a los diferentes párrocos de la isla. Sin embargo, y tras consultar su historia, se animó a formar parte de la tradición, con gran éxito por el momento. Aunque la casa de Carmen es la única que tuvo el párroco este jueves, el día anterior había recorrido hasta ocho viviendas en Santa Gertrudis para bendecirlas mediante la Salpassa, lo que asegura que le pone «muy contento».
En el interior de la vivienda, Don Álvaro procede a orar dirigiendo «una ferviente oración a Cristo, que quiso nacer de la Virgen María y habitó entre nosotros, para que se digne a entrar en esta casa y bendecirla con su presencia». Durante poco más de tres minutos, se lleva a cabo la bendición. El texto que lee lo deja como obsequio en cada una de las viviendas, junto a una imagen de la Virgen de las Nieves, patrona de Ibiza, y una pequeña cruz, como obsequio. Tras la vivienda, recibe también un pequeño taller de carpintería, junto a la vivienda.
Pero él también recibe obsequios en su camino. Y es que la tradición marca que en las viviendas que acude a bendecir, el párroco ha de recibir un obsequio. En muchas ocasiones este era un flaó, pero podría ser un producto del campo, como los huevos de las gallinas de la finca que recibió de casa de Carmen. «Tendré que empezar a realizar la salpassa con un capazo», bromea Don Álvaro que, si bien hoy no ha tenido tanta actividad, tras su paso por Santa Gertrudis se fue con las manos llenas. Y recuerda que, para realizar esa salpassa, está su teléfono al alcance de los feligreses, tanto en la parroquia de Santa Gertrudis como en la de Sant Miquel.