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Emilio Morenatti reivindica la importancia del trabajo del reportero de guerra en Sant Josep

Además, ha explicado al público de Sant Josep és Foto su reciente inmersión en el conflicto del Líbano

Imagen de la charla. | Foto: R.I. - Sant Josep és Foto

| Sant Josep de sa Talaia |

Este sábado se ha vivido en el Auditorio Caló de s’Oli una impresionante y emotiva tercera jornada del Congreso Sant Josep és Foto, que ofreció como plato fuerte dos ponencias impartidas por sendos fotógrafos de prestigio internacional: el fotógrafo británico de grandes paisajes Joe Cornish, uno de los más reputados del mundo, y el reportero de guerra aragonés Emilio Morenatti, ganador de dos premios Pulitzer y recién aterrizado en Ibiza tras varias semanas cubriendo la guerra del Líbano. Ambos profesionales dejaron al público impresionado por la espectacularidad, el simbolismo y el humanismo contenido en sus imágenes.

Morenatti, además de reportero sobre el terreno, es actualmente uno de los principales editores internacionales de la agencia Associated Press. Explicó los incontables dilemas y dramas humanos a los que se enfrenta en su día a día, a través de una ponencia que resultó extraordinariamente impactante. El fotógrafo español comenzó relatando al público una historia marcó su vida y que le acabaría condicionando para siempre: «Ocurrió en la guerra de Afganistán, en 2009, cuando circulaba por Kandahar con una patrulla del ejército norteamericano. Fuimos atacados por los talibanes, resulté herido y perdí la pierna, precisamente en el momento más dulce de mi carrera, cuando acababa de ganar el premio al fotógrafo del año en Estados Unidos».

El fotoperiodista aragonés ingresó en un centro de recuperación en Washington y decidió usar la cámara como terapia, documentando la vida de los soldados que también estaban ingresados. Morenatti comparó los medios, la calidad de las prótesis y el trabajo de los rehabilitadores, con las condiciones reinantes en otro centro de amputados de Afganistán, donde ni siquiera tenían medicamentos para calmar el dolor, que había fotografiado antes de salir herido. Su conclusión, por increíble que parezca, fue: «cuánta suerte he tenido», causando una honda impresión a los asistentes.

Tras mostrar algunas de sus series más emblemáticas, como la que hizo en residencias de ancianos españolas durante el Covid, en las procesiones sevillanas de Semana Santa o a los castellers catalanes, y ofrecer varias series dedicadas a los más vulnerables de las guerras (niños, mujeres, desplazados y ancianos), mostró el trabajo realizado en la guerra del Líbano estas últimas semanas, al tiempo que reflexionó acerca de las consecuencias de los actos de unos políticos que no miden el impacto de sus decisiones. Fue una ponencia intensa y emotiva, imposible de olvidar para los asistentes.

Resultó providencial que la conferencia anterior reflejara el lado opuesto de la fotografía, al estar protagonizada por Joe Cornish, uno de los fotógrafos paisajistas más destacados del mundo, dedicado a atrapar la belleza. Tras presentar distintas de series con los lugares más sobrecogedores que ha fotografiado por el mundo, siempre buscando lugares inalterados por la acción humana, expuso una de sus máximas como fotógrafo: «Cuanto más lejos, más ves».

Cornish también abordó sus principales obsesiones, casi siempre presentes en sus imágenes: la necesidad de fotografiar paisajes con cielos sembrados de nubes, que huyan de la uniformidad del blanco o el azul, y la búsqueda de formas esféricas, a menudo presentes en las escenas naturales que retrata. «Con mis fotografías busco una conexión con la naturaleza y casi siempre acabo encontrándola», apostilló.

Por la mañana, los más de 80 participantes en el Congreso realizaron una visita guiada al poblado fenicio de sa Caleta, incluido el nuevo centro de interpretación, y se detuvieron además en el Centro de Cultura Can Jeroni, donde permanece instalada la exposición de Tony Catany, ‘La meva Mediterrània. El viatge’. Las ponencias de la tarde comenzaron a las 15,15 horas, con BAL 24 a cargo de la mallorquina Alba H. Massanet, que presentó el trabajo ‘Adobar’, sobre la evolución del barrio de es Molinar, en Palma.

A continuación, el menorquín Lluís Real, autor de la exposición ‘Circ + Anywhere’, que permanece en Can Curt (Sant Agustí) hasta el 3 de mayo, trajo una serie de proyecciones sobre sus primeros trabajos, entre los que figuraba una colección sobre un matadero y varias series de la etapa en que residía en el Reino Unido, donde se formó como artista. El público pudo conocer sus trabajos relacionados con los mineros de Gales, las competiciones hípicas de Ascot que entretienen a alta sociedad británica y una vasta colección de escenas cotidianas de la vida urbana londinense. La ponencia acabó con la proyección de su serie sobre el circo, que arrancó un estruendoso aplauso del público.

Ai Futaki, la ponente que tomó la palabra después, mantiene una relación insólita con el agua, hasta el extremo de que casi es su medio natural. Posee un récord Guinness de apnea y el Ministerio de Medio Ambiente de Japón la ha nombrado embajadora del océano. Su trabajo une fotografía, vídeo, performance, activismo y experiencia submarina, y en él aparece nadando e interactuando con todo tipo de especies, como ballenas, tortugas, cocodrilos, mantas, pingüinos, tiburones, delfines o leones marinos. En este sentido, Futaki explicó que la apnea no es un fin, sino el medio para acercarse a los peces y otras especies, ya que las burbujas que provoca respirar con bombonas espantan a los animales. «Somos parte del planeta, pero no somos dueños del planeta», dijo, subrayando la necesidad que tenemos de cuidarlo.

El fotógrafo ibicenco Joan Costa, que precedió a Joe Cornish y a Emilio Morenatti, ofreció una interesantísima ponencia sobre ‘La identidad perdida de los ibicencos’: cómo una sociedad agrícola que apenas había cambiado desde la Edad Media se ha transformado en una economía de servicios ligada al turismo en poco más de medio siglo. El contraste entre las imágenes de la payesía y el universo más grotesco de las discotecas también arrancó una salva de aplausos.

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