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El paso de ser uno de los DJ más reconocidos de España a cuidar la tierra de Ibiza

Carlos Jurado tiene una historia de vida que le ha llevado de ser un precursor de la música a tratar los campos ibicencos

Carlos Jurado, durante su etapa como DJ.

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Hace unas semanas era noticia en Periódico de Ibiza y Formentera un ibicenco que había realizado un desafío extremo como era la carrera Yak Attack, la carrera de mountain bike más alta del mundo, que se realiza recorriendo los parajes del Himalaya y subiendo hasta los 5.416 metros de altitud. El nombre de la persona que llevó a cabo este gran reto es Carlos Jurado. Él es nacido en Madrid, pero ibicenco de adopción, y su historia de vida va mucho más allá de la bicicleta y de las carreras de mountain bike.

Él va a cumplir 60 años en el mes de septiembre, y llegó a la isla pitiusa en 2013 tras vivir todo tipo de historias y de un carácter muy variado. Empezó a trabajar en Madrid en 1981 como DJ, siendo «un precursor» en su época. «Éramos DJ mucho más artesanos y auténticos programadores musicales, solo éramos tres en Madrid, otros tres en Barcelona y deja de contar», explica a Periódico de Ibiza y Formentera. Fue en este momento en el que empezó a tener sus primeros contactos con la isla de Ibiza, no como residente, sino como invitado a alguna fiesta de la época.

Además, en Madrid trabajó también dirigiendo un canal de televisión musical, y más tarde fue el subdirector de uno de los programas de prensa rosa más reconocidos del momento: Tómbola. «No era por mis conocimientos de la prensa del corazón, sino porque necesitaban una persona de confianza con experiencia en televisión», explica sobre esta etapa, que le llevó poco después a abandonar Madrid.

Madrid, Cádiz e Ibiza

«Ese programa me reventó la cabeza», explica, por lo que más tarde decidió irse a vivir a Tarifa, en Cádiz, ya que se enamoró del kitesurf, un deporte que combina el surf con la navegación. «Me habían propuesto trabajar allí por mi experiencia como DJ, en el bar/club musical más conocido de Tarifa», añade sobre una etapa de su vida que duró 10 años. Diez años de seguir con su profesión musical y de amor al deporte.

Sin embargo, a los 10 años de estar en Tarifa, sus aspiraciones «se truncaron». Es en este momento en el que su vista se va hacia Ibiza. «Envié mi currículum a varios sitios y me contrataron como ayudante de producción en Ushuaïa», dice. Allí estuvo trabajando un año, y ese mismo verano empezó a organizar su propia fiesta en el hotel Ocean Drive, trabajando también al año siguiente como responsable de eventos en el rooftop del Ushuaïa Tower.

«Más tarde, Pacha me propuso llevar mi propia fiesta allí, que era una especie de lo que ahora se conoce como tardeo o cena musical que se celebraba los viernes», sigue narrando. Es en esta discoteca en la que Jurado tuvo también otra propia fiesta, Housepital, que fue un exitoso concepto de fiesta nocturna que se celebraba en invierno, llegando a ser subdirector de esta discoteca.

Más tarde, llegó la etapa en la que él más disfrutó de la música, al frente de una emisora de radio. «Yo era el director de contenidos, hacía mi programa en directo diario… con la mala pata de que nos pilló el covid por en medio, justo cuando estábamos arrancando», explica sobre esta etapa. «Las críticas de la emisora fueron muy buenas, es lo más fascinante de todo lo que he hecho dentro de la música, un laboratorio musical», añade.

Sin embargo, la pandemia lo cambió todo. «Estábamos encerrados; yo vivía en una casa de campo, y empecé a interesarme por los árboles y a cuidarlos poco a poco», dice sobre los 27 árboles frutales que tenía. Se interesó tanto por el mundo del cuidado natural, que la persona que le alquilaba la casa le dijo que nunca nadie, en 20 años que llevaba alquilando la casa, había cuidado los árboles tan bien, por lo que el payés le enseñó un poco más sobre este mundo tan amplio.

En este momento, su cabeza hizo «un click». «No me gustaba el momento que se estaba viviendo a nivel musical, tampoco en la isla. No me veía de mayor en cabinas y necesitaba cambiar. Además, me dieron la noticia de que la emisora de radio tenía que cerrar por falta de presupuesto», expresa sobre el momento en el que empezó a cambiar su vida.

Jardinería

Justo en este momento, sobre el año 2020, decidió empezar a hacer un curso de jardinería y paisajismo. «La gente me decía: "¿Qué haces a tu edad?", pero la realidad es que necesitaba cambiar», dice sobre la reacción de sus amigos y gente más cercana. Tras formarse, empezó a trabajar en una empresa de jardinería de Ibiza con el objetivo de aprender el máximo posible sobre esta profesión, y tras dejar este puesto de trabajo, consiguió montar su propia empresa de jardinería.

«Un amigo me contrató para mantenimiento, y luego, gracias al boca a boca, me fueron surgiendo más trabajos y decidí montar mi propia empresa», dice, en lo que ha sido «un cambio radical», aunque no es tan diferente a una producción de un evento musical. «Son grandes producciones, pero en lugar de altavoces lo hacemos con seres vivos en jardines», dice sobre su empresa, cuyo nombre es Caléndula Gardens, y que se dedica a hacer desde el paisajismo, pasando por suelos de grava, muros de piedra, etc., a todo tipo de trabajos dentro del mantenimiento integral de jardines.

«Ahora mismo tengo una decena de compañeros a los que les he podido facilitar la nacionalidad mediante el permiso de trabajo porque son paraguayos y argentinos», explica, diciendo estar muy orgulloso del cambio que ha hecho. Respecto a la parte de Ibiza que más le gusta, dice estar muy agradecido por lo que ha vivido en discotecas, pero asegura que cuando más está disfrutando es con su nueva vida dedicándose al 100 % a la naturaleza y al deporte.

Respecto a esto último, dice que todavía sigue en pie su objetivo de realizar grandes carreras en cada uno de los continentes del mundo. Había conquistado ya grandes montes de Europa, América y, en último lugar, Asia. El año que viene tiene proyectado ir a África y, dentro de dos años, a Oceanía, disfrutando entre medias de otra de sus grandes pasiones: el kitesurf, en lo que es una historia de vida que ha cambiado totalmente de rumbo.

1 comentario

Vicent Vicent | Hace 8 minutos

En estos últimos años ha habido un boom de éstas empresas de jardinería, gracias al trabajo que tienen las villas, y en menor medida los hoteles. Te compras una furgoneta, contratas a unos cuantos sudamericanos desarrapados para que te hagan el trabajo y tú lo único que haces es atención al cliente y cobrar el dinero. Pagas lo mínimo a los sudamericanos y te quedas con lo gordo. Es muy rentable y meten sus buenos sablazos. Solo en la zona de Santa Eulalia conozco a 5 o 6 empresas de jardinería de éstas que han surgido y trabajan con este modelo. Todas tienen a sudamericanos haciendo lo duro y el dueño que viene luego a cobrar.

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