Sant Llorenç celebró este lunes, 10 de agosto, el día grande de sus fiestas patronales con una jornada en la que la devoción y las tradiciones populares volvieron a reunir a vecinos y visitantes en torno a una de las fechas más señaladas del calendario del pueblo.
Después de varios días de celebraciones, la festividad de Sant Llorenç puso el acento en las costumbres más arraigadas de la localidad. La iglesia y sus alrededores se convirtieron durante la tarde en el epicentro de una celebración en la que los actos religiosos compartieron protagonismo con los carros típicos, el ball pagès y los dulces tradicionales.
La jornada central comenzó a las 18.30 horas con la misa solemne en honor a Sant Llorenç, presidida por el obispo de Ibiza, Vicent Ribas. Una celebración especialmente vinculada a la historia de una parroquia cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII.
La parroquia de Sant Llorenç fue una de las creadas por el primer obispo de Ibiza, Manuel Abad y Lasierra, mediante el decreto de división parroquial de 1785. Apenas tres años después, en 1788, el templo acogió por primera vez la celebración de la festividad de San Lorenzo, aunque la iglesia no sería bendecida solemnemente hasta el 29 de octubre de 1797.
Más de dos siglos después, la celebración continúa formando parte de la vida del pueblo y combina su vertiente religiosa con algunas de las manifestaciones más representativas de la cultura popular ibicenca.
Para la regidora de Turismo, Playas, Fiestas y Juventud del Ayuntamiento de Sant Joan de Labritja, municipio al que pertenece Sant Llorenç, Carmen Rodríguez, la jornada representa mucho más que la celebración del patrón. «Sant Llorenç es magia, es un pueblo cuidado de gente trabajadora y de gente que hace pueblo», destacó la edil, quien agradeció especialmente la implicación de los vecinos y de la comisión de fiestas para mantener viva la celebración año tras año.
Rodríguez incidió también en la importancia de conservar unas tradiciones que forman parte de la identidad del municipio y que durante la jornada volvieron a estar muy presentes, desde el ball pagès hasta el desfile de carros y los dulces tradicionales. «Es un día de fiesta para la gente del pueblo, pero también para todo el municipio y para quienes vienen de fuera a visitarnos y pueden vivir un día tan especial para Sant Llorenç», señaló.
Tras la misa solemne, la celebración prosiguió con la tradicional procesión, encabezada por la imagen de Sant Llorenç y seguida por otras imágenes religiosas. Sa Colla de Labritja acompañó a una comitiva en la que participaron representantes de la Iglesia, entre ellos el obispo de Ibiza, Vicent Ribas, así como autoridades de diferentes municipios y el presidente del Consell d’Eivissa, Vicent Marí.
La lluvia hizo acto de presencia justo al finalizar la procesión, obligando a adaptar el desarrollo de los siguientes actos. El desfile de carros típicos pudo celebrarse, aunque de forma más breve de lo previsto, con una única vuelta por el pueblo antes de que participantes y asistentes buscaran refugio en el porche de la iglesia.
En su interior, los obreros ofrecieron los tradicionales bunyols y orelletes, proporcionados por el Ayuntamiento de Sant Joan de Labritja, poniendo el sabor más dulce a una tarde en la que ni siquiera la lluvia consiguió detener la celebración.
El ball pagès, último de los actos tradicionales de la jornada, también se adaptó a las condiciones meteorológicas. Sa Colla de Labritja, encargada de ofrecer una muestra de uno de los principales símbolos del folclore pitiuso, trasladó el baile pagès al porche de la iglesia, donde se cerró la celebración mientras la lluvia continuaba cayendo.
La festividad puso el broche a los días centrales de unas celebraciones que durante el fin de semana llenaron Sant Llorenç de actividades para diferentes públicos. El pasado viernes, las familias y los más pequeños fueron los protagonistas con la gran fiesta infantil, mientras que la música tomó el relevo durante el sábado.
Sant Llorenç cerró así el día dedicado a su patrón volviendo la mirada hacia sus raíces, a través de unas tradiciones que han acompañado al pueblo durante generaciones y que continúan formando parte de su identidad.