Siluetas contoneándose bajo la media luz de las farolas. Las seis voces de Gospel Lab veían el flow que contagiaban sus gargantas a las decenas de personas que no podían seguir el concierto sentadas –casi todas, mujeres, aunque, además del técnico de sonido, también se sumó algún hombre a la coreografía. Y no porque encontrar butaca en es Portal Nou fuera un imposible un cuarto hora antes de que algunos de los mejores cantantes que viven en la isla (Aránzazu Fernández, Jordi Sanou, Clàudia Bardagí, Matteo Crocetti, Eslauren y Reya Thomas) subieran al escenario para alumbrar el concierto de la Big Band Ciutat d’Eivissa. Una tradición que el maxi combo que dirige Vicent Tur Ramon está acostumbrada a compartir con artistas invitados. En la segunda noche del Eivissa Jazz, la big band vilera –una quincena de músicos que forman parte del ecosistema sonoro de la isla– se regaló un bolo ardiente. Miles de personas lo disfrutaron.
Las Boogie Nights de los Heatwave encendieron un repertorio que se ha trabajado a conciencia. Material de calidad tratado con gracia y delicadeza en busca de la complicidad del público, que fue en aumento mientras avanzaba un viaje por lo mejor del soul, del funk, del disco, del R&B. Fiebre sabatina para la noche del miércoles. Y una despedida cono ceremoniales de góspel –Magnify the Lord– para demostrar que, cantando, se puede tocar el cielo. La Big Band Ciutat d’Eivissa sopló las velas de su décimo aniversario a lo grande.
«¡Agua!», grita Pedro Brekón desde una punta del escenario en una cadencia del solo de Carlos Sarduy. El percusionista y el trompetista están rodeados de otros músicos –Alain Ladrón de Guevara, Aarón Puente, Omar Guzmán, Luis González El Coco, Marcelo Tumba Latimba– que dan sentido a la propuesta con la que Ibossim Flamenco reaparece en el Eivissa Jazz quince años más tarde: «Nos hemos juntado gitanos y cubanos para hacerles disfrutar», había dicho Noemí Escudero antes de desaparecer unos minutos tras el telón. La líder de uno de los grupos que lleva años elevando los palos del cante jondo fusionándolos con otros estilos como el jazz brindó un fin de fiesta repleto de palmas, tumbaos y alguna granaína. Felicidad melancólica para homenajear a Federico García Lorca noventa años después de su asesinato y desaparición en la Guerra Civil: «Amaba tanto a nuestro pueblo que siempre es una buena ocasión para recordarlo», proclamó la cantante antes de introducir un bis majestuoso: El romance de la luna. Puro arte que lleva la firma de un matrimonio –Escudero y Brekón son pareja más allá del show business– con
dos hijas –Habana y Allegra– que ya apuntan maneras. Mientras sus padres actuaban, las niñas correteaban bajo las murallas de Dalt Vila.
La tercera jornada del Eivissa Jazz reserva un cóctel delicioso en el Baluard de Santa Llúcia: The Illusions –con el saxo de Nathan Haines como invitado– y L.A.B. Trio. Las entradas pueden comprarse en la web del festival.