El Eivissa Jazz cerró su quinta edición con un lleno absoluto en el Baluard de Santa Llúcia. La contrabajista estadounidense Tonina Saputo y el bajista brasileño Michael Pipoquinha fueron los artistas encargados de clausurar el festival en una noche que confirmó el éxito de esta cita musical en la isla.
Tonina Saputo inició su actuación con un tacón marcando el compás en mitad del silencio, antes de que sonara la primera nota. La artista, descubierta hace una década por Javier Limón para el público hispanohablante, ofreció una hora de música que combinó raíces iberoamericanas, patrones rítmicos afroamericanos y sonoridades mediterráneas.
El trío que acompaña a esta hija de angoleño y siciliana refleja esa diversidad de orígenes. La guitarrista Ivy Alexander es keniana, mientras que el batería Gianco Moncada procede de Ecuador. Durante el concierto, Saputo apenas cantó en inglés, optando por interpretar la mayoría de temas en español, idioma que utiliza habitualmente mezclado con inglés en Brooklyn, donde reside.
El repertorio incluyó una versión del clásico «Quizás, quizás, quizás», que parte del público coreó. También interpretaron «Como yo», con base de cumbia, tras introducirlo con versos de «La Catalina». La actuación concluyó con una versión personalizada de «Smells Like a Teen Spirit», precedida por un pasodoble y desarrollada con expresividad soul.
Antes del final, Saputo interpretó «Serpiente», un tema en español dedicado a Donald Trump. La artista recordó así sus orígenes en San Luis, Misuri, y su primera banda en el instituto, donde tocaba versiones de grupos como Led Zeppelin.
La técnica virtuosa de Michael Pipoquinha
«Beleza!», saludó Michael Pipoquinha a Tonina Saputo y su trío cuando bajaron del escenario. El bajista brasileño y la banda anterior se habían conocido horas antes, durante la prueba de sonido, estableciendo una conexión inmediata entre músicos nacidos a mediados de los años noventa.
Pipoquinha actuó acompañado por Thiago Almeida a los teclados, Mamah Soares en la percusión y Renato Galv a la batería. El artista natural de Ceará, en el nordeste brasileño, demostró su virtuosismo con un bajo de cinco cuerdas, extrayendo sonidos futuristas del instrumento con técnica de guitarrista.
Vicent Tur, coordinador artístico del festival, comentó durante la actuación: «Todos los bajistas de la isla que hoy no tienen bolo, están aquí... o han venido a la prueba de sonido». El músico, que había actuado la víspera en el Jamboree de Barcelona, era una de las apuestas programáticas del festival.
Un recorrido por el universo sonoro brasileño
Pipoquinha interpretó temas de «Minha Pele», su primer álbum con letras cantadas. Los fragmentos vocales, donde exhibió su voz de tenor, fueron especialmente celebrados por el público, en el que abundaban compatriotas brasileños del artista. Uno de ellos le había jaleado minutos antes del inicio, al verle tras el escenario.
El repertorio incluyó la pieza titular del disco, a tempo de funk, con la que denunció el racismo. También interpretó «Mamãe Luiza», dedicada a su madre, baladas inspiradas en cantautores y un homenaje a Dominguinhos, acordeonista y rey del baião, uno de los ritmos fundamentales de la música popular brasileña.
El público descendió hasta la Marina moviendo las caderas al ritmo de la clave brasileña. Aunque algunos asistentes se acercaron posteriormente a la jam session del JazzTa Bé, la mayoría se despidió del Eivissa Jazz hasta la próxima edición. En el trayecto de regreso, muchos escucharon a un saxofonista callejero tocando bajo el Portal de ses Taules.